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El camino de la paz y la reconciliación en Colombia

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Cuando el régimen castrista tiene cada vez menos futuro, La Habana puede pasar a la historia por haber facilitado algo que parecía imposible: la paz en Colombia.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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Tras tres años y medio de negociaciones, el gobierno de Bogotá y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han llegado a un acuerdo, para poner fin al duro conflicto iniciado en 1964. En más de cincuenta años, la guerra revolucionaria habría causado al menos 260.000 muertos, unos 45.000 desaparecidos, en torno a 25.000 secuestros, y cerca de siete millones de personas desplazadas.

Se ha logrado una solución para el problema más delicado en este tipo de contiendas: la reinserción social de los contendientes. Se trata de algo muy serio, como muestra la oposición de parte de los ciudadanos, expresamente representados en la postura del anterior presidente Álvaro Uribe: sin embargo, muchos expertos consideran que la represión del gobierno de Uribe sentó las bases de las actuales conversaciones de paz. De otra parte, está por ver la reacción de los grupos paramilitares, nacidos en los ochenta y formalmente disueltos en 2006, pero no del todo desactivados.

La cuestión es bien conocida en los países que han pasado por momentos de violencia y terror, como es el caso de Irlanda, o el más próximo del país vasco. Tiene raíces antiguas y explicables, como intuíamos desde muy jóvenes cuando nos explicaban las controversias cristianas de los lapsi al desaparecer las persecuciones y encontrar la Iglesia al fin paz en el imperio romano.

En el caso de Colombia, se calcula que la desmovilización afectará a unos 7000 combatientes de las FARC. La novedad política del caso es haber encontrado una fórmula de futuro, antes de que las treguas se transformen efectivamente en paz. Comenzará pronto un camino, quizá largo, de justicia y reconciliación.

En principio, el acuerdo deberá ser refrendado en una consulta popular. Los dos grandes protagonistas de la violencia –incluidos en la relación de organizaciones terroristas de la Secretaría de Estado norteamericana-, seguirán defendiendo sus ideas en la vida política democrática, lejos de la guerrilla. Supondrá un importante cambio de perspectiva, tanto para el grupo más numeroso de las FARC, dirigido por comunistas y campesinos, como el minoritario del Ejército de Liberación Nacional, más ideologizado aún y con presencia histórica de católicos radicales en la estela de Camilo Torres.

Otro elemento específico del conflicto de la antigua Nueva Granada deriva del narcotráfico. Aunque en parte la producción se ha trasladado hacia Perú y la distribución a México, se considera que Colombia sigue suministrando en torno a la mitad de la cocaína consumida en el mundo. Ha sido la gran fuente de financiación de guerrillas y paramilitares, aunque varían las estimaciones de centros de investigación sobre el crimen organizado en América latina y Caribe. Hasta el ELN ha utilizado la droga, a pesar de que inicialmente consideraba al narcotráfico “contrarrevolucionario”.

Por eso, son importantes dos de los grandes principios de la negociación: el desarrollo rural y la reforma agraria, y la erradicación de cultivos ilegales. Para asegurar la futura participación política de las FARC, con la reintegración de sus militantes a la vida civil, tendrá que funcionar bien el acordado tribunal compuesto por jueces colombianos e internacionales, para recoger pruebas, supervisar indemnizaciones y sancionar a culpables de los delitos graves de sangre. Se calcula que deberá instruir más de treinta mil casos, cuando llegue efectivamente la paz. El objetivo es evitar una amnistía general inaceptable para muchos ciudadanos de Colombia, y especialmente para las familias de las víctimas. El punto de referencia es la definición de los crímenes prevista en el Estatuto de Roma para el Tribunal Penal Internacional. Por otra parte, el Consejo de Seguridad de la ONU se ha comprometido a crear una misión para supervisar el desarme después de la culminación de las conversaciones, y UNICEF ayudará a reintegrar a cientos de ex niños soldados.

Colombia celebra el 20 de julio el día de su independencia. Hacia esa fecha, podría firmarse en Bogotá el acuerdo definitivo, y convocarse el referéndum, que está siendo preparando por el Tribunal Constitucional. Las últimas encuestas indican que el 57% votará a favor. Y podrá comenzar la entrega de las armas a funcionarios de la ONU. Más tiempo llevará el proceso de reconstrucción de las zonas más castigadas por el conflicto. El presidente Juan Manuel Santos cuenta con la ayuda de la comunidad internacional y particularmente de Estados Unidos, a través de un nuevo y generoso “Plan Colombia”. Deberá recibir también una especial atención de la cooperación española.

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