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Tribuna libre

Los casos Garzón y el aborto

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Ahora cuando se pilla al juez, entre otras cosas, escuchando a los abogados con su cliente, ¡así se puede, menudo investigador!, el Gobierno anuncia que va a extender el atropello en nuestra deriva bolivariana.

La Audiencia Nacional, tribunal anómalo en la forma en que España puede ser considerada una nación anómala, respecto a una definición ideal, justifica su peculiar existencia en el terrorismo de ETA; pues posiblemente el escaso número de otros casos terroristas entre nosotros, aunque ciertamente algunos con muchas víctimas, se podía haber solucionado con sistemas diversos a la creación del monstruo que ha crecido en las cercanías de Colón.

Es más algunas de las peculiaridades de nuestro sistema, que recortan con severidad los derechos más elementales de defensa, como es la confidencialidad indispensable entre cliente y abogado, se han justificado sólo en nuestra forma terrorista de crimen organizado. Se confirma así la suspicacia de todo jurista razonable ante los argumentos de la necesidad de limitar libertades: todo mecanismo que se inventa es susceptible de abusos y todo sistema policial es vago y tiende a exigir nuevos medios incluso frente a los fallos atribuibles a su ineficacia. Por supuesto, en todos sitios cuecen habas, baste ver el intento gringo de desnudar a todos los pasajeros de los aviones, lo que es una indignidad poco razonable cuando la policía ha tenido medios para localizar previamente algunos de los terroristas islámicos más notables.

En lo que se acusa a Garzón parecen constatarse dos sospechas claves de lo que ocurre en nuestro sistema jurídico. Una que ante el juez de instructor erigido en vengador audaz ni el detenido ni sus abogados tienen protección inmediata alguna. Cuando el juez es de la Audiencia Universal y se puede sentir como investigador más que como juzgador con garantías el acusado cae en un pozo sin solución. De nuevo este tipo de desplazamientos no es exclusivo nuestro. Cuando en el caso de Terri Schiavo el juez se erigió en su defensor y juez, esta enferma quedo inerme frente al criterio del ogro benevolente que la mando matar por su bien.

Otra sospecha es que por mantener la ficción de la pluriocupación de la Audiencia antiterrorista, algunos pueden ser tratados como terroristas cuando a lo más son estafadores corruptos y se usan con ellos medios que incluso países totalitarios reservan a crímenes más sangrientos. Véase si no el sistema de declaración nocturna garzoniano con viejas reminiscencias en prácticas policiales pero no, desde luego, judiciales.

El gobierno, se repite en sus maniobras. Como dirían los niños con los cromos, en esto “ya le”. Cuando la prensa internacional demostró lo que ocurría con los abortaderos del lobby carnicero cercano al Gobierno, éste montó un Ministerio y luego una Ley para el aborto o si, se quiere, para la impunidad de las Clínicas. Ahora cuando se pilla al juez, entre otras cosas, escuchando a los abogados con su cliente, ¡así se puede, menudo investigador!, el Gobierno anuncia que va a extender el atropello en nuestra deriva bolivariana. Lo dicho, ya le.

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