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Tribuna libre

Estamos en una coyuntura de derribo

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Lo de Cataluña, en su gravedad, es un síntoma más de algo que está ocurriendo en los modos de ver las cosas, con influencia en todo, también en la política. Eso que está ocurriendo en el frenesí del derribo.

Un artículo de...

Rafael  Gómez Pérez
Rafael Gómez Pérez

Profesor de Antropología Cultural.

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Para algunos, lo urgente es defender lo contrario de cualquier cosa que parezca normal o  mayoritario.  Hay que decir  o hacer algo que sea lo más insólito posible, como, por ejemplo, darle un cargo en el gobierno de Barcelona a una actriz post-porno, sea eso lo que sea, que ha dejado imágenes de cómo regaba las calles y no con agua precisamente.

La población más afectada por este síndrome es la que cuenta entre veinticuatro y cuarenta y tantos años, y si se recuerda que entre ella hay muchos profesores y profesores  se podrá calcular el influjo que tienen en gente más joven. Epítome de esta mentalidad es Pablo Iglesias en sus primeros tiempos y otros podemitas que ahora no están tan con él porque dicen ha girado al centro y ha dejado de decir viva Chaves y esas cosas, lo que era una excentricidad. Se suman algunos viejos aburridos e inactivos, que nada tienen que perder y que quizá encuentren en el trato con estos jóvenes anarquizantes una especie de  aventura senil.

Excéntricos también son algunos grupos animalistas que defienden de tal modo a los irracionales (cosa por los demás muy justa y que es un deber para el hombre) que llegan a odiar a los humanos, esos pobres animales racionales.

Ese paradigma es un mosaico, no se espere un principio rector, ni siquiera una ideología; es un desahogo individual. Hasta que el poder, ejercido por gente de su cuerda, más o menos,-pongamos que se habla de Colau, Carmena o el Kichi- los acoge, alimenta y le da un cargo. Y he aquí como la actitud anarquizante queda domesticada y muchos de esos antiguos rompedores de todo se convierten en beatos de lo alternativo.

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