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Tribuna libre

La dignidad de la Cámara, precisamente

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Precisamente por la dignidad de la Cámara, no debería presentarse una moción de censura que, además de no servir para nada, es todo menos una moción de censura.

Dice Alfredo Pérez Rubalcaba que, de hacerlo, presentará la moción de censura 'por la dignidad de la Cámara'. Tiene su mérito. No es fácil hablar de la dignidad de una Cámara en la que, un día sí y otro también, hay diputados que se disfrazan, que exhiben pancartas, que se colocan camisetas presuntamente reivindicativas, que reparten entradas para que los invitados monten manifestaciones en plena sesión o que hablan cuando quieren y en el idioma que quieren o que apenas respetan las decisiones de la presidencia.

Pero dejando aparte esos incidentes, que si no de menores pueden calificarse de 'chuscos', hay que decirle a Pérez Rubalcaba que, precisamente por la dignidad de la Cámara, no debería presentar la moción de censura. Él mismo admite que el trámite roza el listón del reglamento. No solamente lo roza sino que al menor movimiento del atleta, lo va a tirar al suelo.

Lleva razón el líder del Partido Socialista en eso que dice de que no quiere sustituir al presidente del Gobierno. Ni quiere ni puede. En primer lugar le faltarían los votos necesarios y en segundo lugar no tiene ningún apoyo salvo los normales de la izquierda: UPyD e IU. Además, ni la actual situación del Partido Socialista –clara bajada en las encuestas de intención de voto, al igual que el Partido Popular– ni la propia circunstancia de Rubalcaba como líder, permiten hacerse demasiadas ilusiones ante la posibilidad de asumir el poder.

En esta supuesta moción de censura o en el intento de lograr un nuevo Gobierno, las apetencias electorales de los partidos están más que claras. El Partido Socialista no quiere adelantar unos comicios en los que poco a nada tiene que ganar. Por el contrario, tanto IU como UPyD, darían lo que fuera por unas elecciones, ahora que la intención de voto les resulta más que favorable. Y quedan los nacionalistas. Los vascos del PNV siguen en la línea de prudencia de Urkullu y no se meten en líos. Y los catalanes de CIU -que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid- apoyan la moción de censura, siempre y cuando el programa de Gobierno que presente el candidato recoja el famoso 'derecho a decidir'. O sea que, una vez más, no se enteran porque en esta moción de censura 'sui generis' que se ha inventado el listón de Rubalcaba (listón de saltárselo) no hay ni candidato ni, mucho menos, programa de Gobierno.

Puro afán de votos.

Así pues, estamos ante una moción de censura que no es que esté descafeinada, es que de llevarse a efecto, será otra cosa, algo que no tiene nada que ver con lo previsto en la legislación; una moción de censura que, de lograrlo, no tendrá más que censura pero que no va a contribuir en nada a la dignidad de la Cámara.

Y Mariano Rajoy... una vez más en su línea del quizás, del tal vez y del a lo mejor.

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