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Tribuna libre

¿Qué diría Don Pablo Iglesias?

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La actuación del PSOE con respecto a Cuba, probablemente en contra de la mayoría de su militancia, se aparta de sus orígenes progresistas.

Cuando muchos vaticinaron que el gobierno español cambiaría su postura de connivencia con el totalitarismo cubano, influido por la Resolución del Parlamento Europeo sobre la situación de los presos políticos y de conciencia en Cuba del 11 de marzo pasado, nuevamente da pruebas de sometimiento al castrato, haciendo caso omiso a la repulsa hacia ese régimen que recorre Europa. Así, en la Cámara Alta de las Cortes los senadores del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el 24 de marzo, repitieron   el respaldo a la eliminación unilateral de la Posición Común de la Unión Europea adoptada en 1996. A ello se unieron declaraciones del Canciller Miguel Ángel Moratinos reiterando su llamado a eliminarla, cuando el régimen de La Habana recrudece la represión, obstinadamente mantiene en infrahumanas condiciones carcelarias a cientos de pacíficos prisioneros de conciencia y políticos, y, de forma evitable y cruel, dejó morir al prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo tras una huelga de hambre de 85 días.

La propuesta de mantener la Posición Común, fue impugnada por 126 votos frente a 121. Para triunfar el PSOE contó además con los votos de senadores estalinistas, herederos del genocidio soviético y el fraude político más grande que recuerde la humanidad. De esta forma, el partido fundado en 1879 por Don Pablo Iglesias -también creador en 1888 de la Unión General de Trabajadores (UGT)- en alianza con vulgares estafadores ideológicos, ratifica su rumbo hacia posiciones oportunistas, alejadas de las tradiciones democráticas que por decenios marcaron el quehacer político del PSOE, en defensa de los trabajadores españoles.

Hoy hay que reconocer que la actuación del PSOE, probablemente en contra de la mayoría de su militancia, se aparta de sus orígenes progresistas. El respaldo de sus dirigentes al totalitarismo cubano y el desprecio manifestado en reiteradas ocasiones hacia los luchadores pacíficos por la justicia social, la democracia y el respeto a los derechos humanos, responde al apoyo mezquino a los mercaderes que se enriquecen con la miseria del pueblo cubano, entre otras formas mediante la explotación de fuerza de trabajo barata, que no puede protestar ni tener verdaderas libertades sindicales; sin soslayar oscuros nexos con figuras del régimen, puestas al descubierto- posiblemente parcialmente- por la propia prensa española, a raíz de la defenestración del ex-secretario ejecutivo del Consejo de Ministros Carlos Lage Dávila y sus asociados. Ni siquiera humillaciones y maltratos infringidos por autoridades cubanas a dignos diputados socialistas españoles, han servido para rectificar la política de connivencia con el régimen totalitario que por 51 años ha azolado a la Mayor de las Antillas.  

El gobierno español conoce que se acerca el cambio en la sociedad cubana, y dejando atrás principios inviolables, morales y éticos, quiere afianzar sus posiciones en la isla para cuando “Cuba se abra al mundo” obtener grandes beneficios, fundamentalmente en el turismo. Para esto hace un doble juego, pletórico de sofismas y mentiras, y en particular desde el Ministerio de Relaciones Exteriores pretende engatusar a ingenuos, cuando el verdadero interés se reduce a cuestiones comerciales y económicas, sin importarle un bledo los sufrimientos del pueblo cubano.

Nadie con sentido común puede oponerse a las relaciones entre los Estados y al diálogo entre los gobiernos, pero ello no puede ser excusa para discriminar a la sociedad civil cubana y los sectores en continuo crecimiento que aspiran a un mejor destino para nuestra patria.

Desde que el gobierno de Zapatero llegó al poder, ha tenido un sólo objetivo: sus intereses económicos y comerciales. Rompió los acuerdos de la Unión Europea, dejando de invitar a los demócratas cubanos a su recepción por la fiesta nacional, ocasión que como se reconoce en el mundo diplomático es un evento de las sedes con toda la sociedad donde están acreditadas. Implantó la práctica de que los visitantes españoles de alto nivel no se encuentren con los disidentes, y ni siquiera con las familias de los prisioneros de conciencia y políticos, mientras el Canciller se reunió en Madrid con esposas de los cinco ciudadanos condenados en Estados Unidos por espionaje y comprometió el apoyo del gobierno español para la liberación de estas personas. La Embajada Española en La Habana mantiene contactos mínimos e indispensables con la oposición pacifica, incluso el Embajador no se ha reunido con algún disidente, al cabo de año y medio en Cuba.

Esta política no ha sido seguida solamente con el totalitarismo cubano. Ejemplos existen hacia otros países, donde rigen gobiernos peores, o en vías de serlos, al de Cuba, como el de Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial o el del Coronel Hugo Chávez en Venezuela, con los cuales las relaciones promovidas por las autoridades españolas se basan ante todo en estrechas consideraciones económicas y comerciales, abandonando normas morales y éticas universalmente aceptadas.

Cuando se examina la vida de Don Pablo Iglesias y su vertical actitud de principios, sentimos pesar por los manejos de hoy, pues estamos seguros de que él nunca habría aceptado la conducta de la actual dirección del PSOE en política internacional. Esperamos que la militancia socialista española, real heredera de tan rica historia de sacrificios y combates por la democracia, la libertad y la justicia social, se pronuncie contra esta deriva oportunista.   

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