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El dogma de la inmaculada inmersión

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“Y entonces Mariano extendió la mano para tocar la ‘escola única’ y el poble pegó un brinco alejándose y gritando ‘mi tesooooorooo... es míiio’, mientras la protegía con su cuerpo”.

Un artículo de...

Aurelio Ruiz Enebral
Aurelio Ruiz Enebral

Periodista de El Confidencial Digital

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Ese sería el resumen friki, versión ‘El hobbit’, de lo ocurrido con el anuncio del Gobierno de España de que pretende -aún no tiene muy claro cómo, ni cuánto, ni si de verdad o de mentirijilla- permitir a los niños catalanes que estudien en castellano más allá de la asignatura de Lengua y Literatura castellanas.

El Ministerio de Educación se ha topado de pronto con la constatación de que lucha contra un dogma: el dogma de la inmersión monolingüe en catalán, inmaculada, excelsa, crisol de virtudes, envidia del orbe, que los nacionalistas proclamaron hace décadas.

Consiguieron la profesión de fe del PSC y decidieron defender el dogma a sangre y fuego frente a la herejía. Los nacionalistas menos ciegos pueden admitir que la independencia es asunto de dos mitades, pero con la oración “per un país de tots, l’escola en català” no transigen ni un milímetro. O lo recitas con fervor, o tu sitio está entre las tinieblas del pecado.

Al que se mueve no es que no le dejen salir en la foto. Es que lo convierten en enemigo del pueblo catalán. Que se lo cuenten a las familias de Mataró (Barcelona) o de Balaguer (Lérida) que cometieron la blasfemia de pelear en los tribunales para que en los colegios públicos se imparta al menos un 25% de las clases en castellano. Profesores y (H)AMPAs organizaron manifestaciones para señalarlos como herejes, boicotearon los negocios de los padres y algunas familias tuvieron que marcharse (eso sí es un exilio, molt honorable) de sus municipios de residencia.

El carácter religioso del nacionalismo, en su versión más fanática, se aprecia en al menos dos aspectos: en su manía inquisitorial y en su capacidad de declarar como verdad inmutable lo que es un absurdo irracional.

Cómo si no va a sostener durante décadas que el catalán correrá peligro de extinción cual lince ibérico si se reducen algunas de sus más de veinte horas semanales, mientras que el portentoso castellano se infiltra a la perfección en las inteligencias de los niños catalanes con tan sólo dos o trs horas a la semana.

“Es que el castellano lo invade todo: la televisión, las redes sociales...”, es el gran arumento infalible. Claro, pero así no se adquiere un registro culto del castellano. Con los videojuegos, en la calle, en la familia, en la televisión no se adquiere la competencia óptima en un idioma. Ésta se aprende en el colegio, allí donde se corrigen los errores de uso, donde los profesores utilizan un vocabulario más rico, más elevado, más cuidado, no sólo en la asignatura de Lengua sino en cualquier otra materia de estudio.

Tal y como explicó en mucha gracia la profesora Dolores Agenjo en su libro ‘¡SOS! Secuestrados por el nacionalismo’, parece que los nacionalistas consideran a los niños que viven en Cataluña especialmente dotados para dominar el castellano a nivel de académico de la RAE en apenas una asignatura.

Por contra, ¡ay desgracia de Cataluña!, se requieren todas las demás materias escolares para que el catalán (lengua indescifrable, arcana y compleja donde las haya) cale en las tiernas mentes infantiles. Es palabrá de la nació...

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