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Tribuna libre

El empleo de los jóvenes en la Europa social

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Mucho se habla, y es justo, de la recuperación económica de Europa. Falta ahora, entre otros aspectos, abordar con soluciones más concretas el problema del paro juvenil. El avance global es demasiado lento.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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Europa ha vuelto a recuperar un crecimiento dinámico, pero sigue sufriendo las consecuencias de la crisis. Una de estas es el desempleo de los jóvenes en la población activa: en octubre, su tasa se situó en el 18,6% en la zona euro, frente al 7,9% de los mayores de 25 años, según las cifras publicadas por Eurostat el 30 de noviembre. A principios de 2013, alcanzó un máximo del 24,7%. Son buenas noticias, pero los datos están todavía por encima del nivel de principios de 2008:15%.

Desde luego, como decía con cierta sorna un viejo amigo, lo que pasa con los números es que a veces no son objetivos. Las cifras económicas, especialmente si se refieren a situaciones humanas básicas, deben manejarse con cautela. Por ejemplo, si se incluye a los estudiantes, la tasa de desempleo juvenil -no sólo de los jóvenes en activo- es inferior al 8%. Sin embargo, la realidad es que casi el 20% de los menores de 25 años buscan trabajo y no lo encuentran.

Por otra parte, las estadísticas europeas reflejan disparidades significativas entre los Estados. Más de un tercio de los jóvenes están desempleados en Italia (34,7%), España (38,2%) y Grecia (40%), mientras que en Alemania sólo hay un 6,6%. Este panorama sería sido aún peor si no se hubiera producido una gran emigración de jóvenes de los países latinos al Reino Unido, Estados Unidos o Alemania. Además, disminuye demasiado lentamente la proporción de los nini, jóvenes desempleados que no están ni en formación ni en educación. Representa el 19% del grupo de edad de 20 a 34 años en la zona euro. Una vez más, la diferencia es considerable entre países: del 12,4% en Alemania al 30,7% en Italia.

Aparte de razones estructurales, los expertos consideran que el paro juvenil, como el trabajo temporal, es una “variable” importante del empleo en tiempos de crisis. De hecho, aumenta más rápido durante las recesiones y disminuye más lentamente durante las recuperaciones. "Entre 2007 y 2013 aumentó en 9 puntos en la zona euro, el doble que la tasa media de desempleo", afirmó el 22 de septiembre Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. Además, a juicio de Draghi, las diferencias entre países reflejan también las disfunciones nacionales en la concepción del trabajo y los sistemas educativos: "El bajo desarrollo del aprendizaje y la alta segmentación del mercado laboral explican por qué el desempleo juvenil ha aumentado tanto en Italia, Portugal y Grecia".

La gran cuestión es cómo combatir el paro juvenil. Parte de la solución, por supuesto, es el regreso a un crecimiento fuerte y creador de empleo. Algunos países, como Italia y España, han reformado las condiciones jurídicas del trabajo durante la crisis para reducir la brecha entre los empleos precarios y los contratos indefinidos. También modificaron los criterios sobre despidos, a fin de reducir la renuencia de las empresas a contratar. Estas medidas están empezando a ayudar a reducir la tasa general de desempleo, pero tienen poco impacto en el juvenil.

El problema está muy presente en el proyecto de la UE sobre el llamado pilar europeo de derechos sociales, que comenté la semana anterior. No será fácil cumplir la igualdad de oportunidades a la que se refiere el comienzo de las recomendaciones del 26 de abril de 2017: “Toda persona tiene derecho a una educación, formación y aprendizaje permanente inclusivos y de calidad, a fin de mantener y adquirir capacidades que les permitan participar plenamente en la sociedad y gestionar con éxito las transiciones en el mercado laboral”. Concretamente, “los jóvenes tienen derecho a educación continua, una formación como aprendices, un período de prácticas o una oferta de empleo de buena calidad en los cuatro meses siguientes a quedar desempleados o finalizar los estudios”.

Pero será preciso seguir avanzando en la reflexión sobre el trabajo en el siglo XXI. Muchos empleos tienen necesariamente que desaparecer, como consecuencia del avance en robótica o, en general, en informática o inteligencia artificial. Si ésta lleva a algunos a apostar por el llamado trashumanismo, existen profesiones insustituibles: las relacionadas con el servicio directo a la persona. Debería suponer un cambio decisivo en la orientación profesional y académica. Sueño con que el progreso técnico contribuya a consolidar algo que podía parecer secundario o despectiva moralina: muy al contrario, el trabajo será cada vez más servicio, no cultivo de los campos ni fabricación de cosas. Vale la pena quizá darle más vueltas.

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