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La escasa audacia de los políticos frente a ETA

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¿Para qué sirven los Informes realizados por profesionales de las más variadas procedencias en el proceso de pacificación y reconciliación de Euskadi y de los vascos? Creo que para bien poco.


Un artículo de...

Josu  Montalbán
Josu Montalbán

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De momento lo único evidente es que ETA continua inactiva, que no mata ni extorsiona. Como consecuencia de este detalle la población vasca permanece tranquila, cada cual en sus labores y obligaciones cotidianas, ajena a los debates que ahora mismo protagonizan los partidos políticos y sus líderes. Recientemente se ha hecho público un Informe elaborado por un grupo de historiadores que fueron requeridos por el Gobierno Vasco, sobre el terrorismo de ETA. El resultado ha sido descorazonador para quienes quieren seguir alimentando la hoguera de que ETA era uno de los bandos del “conflicto” existente entre Euskadi y España. Los historiadores han dicho que el terrorismo de ETA solo ha respondido a su intento, de la mano de la llamada Izquierda Abertzale, de imponer un proyecto totalitario. La verdad es que no hubiera sido necesario recurrir a historiadores para sacar esta conclusión, porque el terrorismo de ETA es aún demasiado reciente y porque las víctimas, sus familiares y los vascos y vascas (también los españoles) en general, no tenemos nuestras memorias tan olvidadizas.

Un buen número de Asociaciones pacíficas y pacifistas o de víctimas, van echando la persina, incluidas por ejemplo Gesto por la Paz o Lokarri, cuyo protagonismo fue crucial en los tiempos más sangrientos como concienciadoras ante los asesinatos y las masacres. Pero las páginas de los diarios y las pantallas de las televisiones continúan sumergidas en un debate que, por viejo, deberían soslayar en buena medida. ¿Quién es el que alimenta la llama? No tengo dudas: el anuncio del alto el fuego de ETA anuló buena parte del debate que venían sosteniendo los partidos políticos en el País Vasco. De un modo u otro los cuatro partidos con mayor presencia en Euskadi (PNV, Sortu, PSE y PP) han venido alimentando un debate que tenía que haber finalizado hace tiempo, al menos en los términos en que se viene desarrollando.

En los últimos días han tenido lugar una serie de acontecimientos en esa dirección. Brian Currin, que fue seleccionado por la IA como mediador en conflictos, ha afirmado que entre ETA y los responsables políticos de las Instituciones apenas hay coincidencias en la diagnosis del asunto, ni siquiera en el lenguaje que cada cual usa. La interpretación jurídica en torno a las condenas que cumplen los etarras en los diferentes penales europeos ha hecho reingresar a algunos (Santi Potros) y huir a otros (Plazaola), a la espera de que otras interpretaciones igualmente jurídicas pero de rango superior acudan en su ayuda. El PNV y Sortu se echan los trastos a sus cabezas en base al concepto de “suelo ético”, que es un término que todos sabemos lo que quiere decir aunque se preste a las más variopintas interpretaciones cuando se trata de arrimar el ascua a la sardina propia o ajena. Y por fin en la cárcel de El Dueso, en Santoña, la dirección del penal suspendió un encuentro entre el Secretario de Paz del Gobierno Vasco, Jonan Fernández, y el preso Díez Usabiaga amparándose en que ambos hablaban, con un soporte documental, de política. El círculo se ha cerrado con la petición por parte de PSE, PP y UPyD de que se expliquen los hechos en el Parlamento Vasco. ¿Cómo es posible que andemos en estas pesquisas después de más de cuatro años de inactividad terrorista?

A quienes observamos el triste espectáculo desde la grada sólo nos surgen preguntas que no somos capaces de responder. Los protagonistas del teatro en que se ha convertido todo esto, están mucho más pendientes del papel que quiere jugar individualmente cada uno que del éxito de la obra. Todos viven entregados a sacar algún provecho de este final. Los hay irreductibles (IA), como los galos de la aldea de Asterix, que aún creen que los terroristas obraban desde sentimientos “humanos” y en pos de un objetivo deseable; ellos también fueron “asesinos” aunque sin bombas ni pistolas, con un suelo ético tan sumergido en el barro que les es muy difícil superar sus quimeras. Los hay que no fueron suficientemente valientes (PNV) para denunciar de forma incondicional a los terroristas, utilizando “peros” (condenamos, pero…) que invalidaban sus denuncias. Los hay que hicieron cuanto pudieron (PSE) condenando y denunciando sin paliativos los atentados, incluso forzando negociaciones fundamentadas en la necesidad irrenunciable de una paz que acabara con tantos asesinatos. Y los hay, por fin, (PP) convencidos de que su intransigencia e implacabilidad les dan votos suculentos , sobre todo allí donde el terrorismo de ETA se ha mostrado menos activo. (El territorio en que ETA ha estado implantada con fuerza y ha ejecutado la mayor parte de sus atentados es inferior en extensión y número de habitantes al 10% del territorio nacional español).

Si aceptamos este lectura tendremos que convenir en que al éxito en la acción policial contra ETA le ha sucedido una especie de inoperancia en el ámbito político, porque llamarlo fracaso me parece excederse en demasía. No es comprensible que el Gobierno de España se muestre impasible ante cuanto viene ocurriendo, cediendo el protagonismo a mesas y mesillas, a foros y forillos, a cualquier tipo de asociación y a demás contubernios cuya eficacia no pasa de aportar una visión parcial en la opinión de los ciudadanos. Jesús Eguiguren, que es sin duda el vasco que más ha comprometido su vida en aras a la paz frente a ETA decía recientemente que si el terrorismo de ETA fue durante bastante tiempo en las encuestas la más importante preocupación de los vascos y de los españoles, no comprendía la impasibilidad del Gobierno de Rajoy ante el final de ETA, y no comprendía la rigidez a la hora de calibrar qué sería necesario para, de una vez por todas, desarmar también dialécticamente a quienes se obstinan en seguir aprovechándose del mal llamado “conflicto”.

¿Tanto cuesta laborar un plan que aborde ese eterno problema, que alimenta gratuitamente al falso “conflicto”, de los presos, y su acercamiento a las cárceles más cercanas a sus casas? Porque su condena era la cárcel, y no la lejanía. E inactiva ETA, ¿a qué viene obstinarse en la distancia? Si los contactos con una ETA activa se produjeron con gobiernos tan diferentes, -desde el de Franco hasta el de Zapatero-, ¿a qué viene empecinarse ahora en la cerrazón de fomentar la incomunicación de los presos? Los españoles tienen que saber ya de qué modo ha abordado cada cual el problema de ETA. Todos los presidentes de gobierno han soñado con ser ellos los que la derrotaran y presentaran su claudicación públicamente. Pues bien, ya está. Ahora ya está derrotada. Ya no estamos, realmente, en la lucha contra el terrorismo de ETA, sino que estamos en la construcción de una paz consistente y de una convivencia feliz, sin rencor y sobre todo sin olvido.

Que los líderes políticos se empeñen en sacar provecho de algo que ya no está vigente, desacredita a la Política y a los políticos.

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