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400 euros con mejoras

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Ha sido un claro acierto de Mariano Rajoy prorrogar los 400 euros a quienes habían agotado los subsidios. Y mayor acierto hubiera sido que lo hubiera anunciado en julio.

Ha sido un claro acierto de Mariano Rajoy prorrogar los 400 euros a quienes habían agotado los subsidios. Y mayor acierto hubiera sido que lo hubiera anunciado en julio, para evitar la incertidumbre en cientos de miles de personas –y por tanto familias- que ahora se benefician o pueden beneficiarse en estos próximos meses de los 400 euros. Es un error dilatar al máximo el anuncio de la prórroga con el argumento de que así esas personas se mueven más para buscar empleo: quien lo defiende no conoce la realidad actual, no conoce a personas en esas circunstancias que sufren una angustia diaria, por ellos y por su familias.

Rajoy ha añadido que tendrá mejoras este subsidio. Sin lugar a dudas, esas mejoras tienen que ir encaminadas a la inserción laboral eficaz, pues sólo el 6% de quienes han recibido este subsidio han encontrado trabajo, y tal vez el dato resultaría demoledor si se tiene en cuenta sólo a los que han encontrado trabajo estable o de una duración razonable, como por ejemplo un año.

España agradece que haya sido el presidente del Gobierno quien haya asumido el protagonismo de esta decisión y ahora espera esas “mejoras”. Pero Fátima Báñez, la ministra de Empleo, debe ser quien articule y concrete esas mejoras, y quien dé la cara.

Hace ya años que defiendo que los parados, y con mayor motivo los que han agotado todas las prestaciones y reciben los 400 euros, deben compaginar la percepción de una cantidad de dinero con ciertos trabajos en beneficio de la sociedad, así como comprometerse a formarse para obtener un trabajo, que en no pocos casos hay que orientar hacia el autoempleo.

O es más complicado de lo que yo pienso o hay una inercia lamentable. Unos ejemplos: algunos parados podrían haber limpiado en mayo los montes –y esto lo he defendido mucho antes de que se hayan producido los incendios de estos días-, otros parados podrían colaborar en seguridad en las playas, otros parados podrían ayudar a atender personas mayores o familias con otro tipo de necesidades, otros podrían ser guías turísticos en ciudades o rutas, otros podrían dar clases de repaso a alumnos rezagados –y desde luego no faltan institutos y sedes materiales para organizarlo-, y así un largo etcétera. Para que esto sea viable, es básico implicar a los ayuntamientos, a los Colegios Profesionales – que parecen ceñirse a cobrar cuotas periódicas - que conocen las necesidades reales, cercanas, y no articularlo desde un despacho en Madrid.

La mejora básica que se ha de lograr es que haya una mayor inserción laboral. Para ello, hay que huir de cursos alejados de las necesidades laborales –como se ha hecho con frecuencia en estos años-, y establecer una formación a los parados que sea la solicitada por ayuntamientos, organizaciones empresariales –especial importancia de las pequeñas y medianas empresas-, y con especial orientación hacia el autoempleo. Pedirle a los parados que sean emprendedores, hasta suena a cruel, pero el autoempleo sí es más factible, y la formación a parados debe ir en esa línea.

Otros ejemplos pueden ilustrar esa formación para el autoempleo. Un periodista en paro sabe que es muy difícil que le contraten en un medio de comunicación, pero hay ejempleos de periodistas que logran el autoempleo, asesorando a varias instituciones o colaborando con varios medios. El que tenga unos conocimientos cualificados de informática puede intentar el mantenimiento de los ordenadores de despachos, pequeñas empresas o familias por un precio asequible. Quien domina el inglés puede organizar clases, en colaboración con ayuntamientos u otras instituciones, cobrando a los asistentes un precio asequible en tiempos de crisis. Hay experiencias de lo que expongo, no son inventos de despacho, y cada uno podríamos poner ejemplos de ámbitos profesionales que conocemos más a fondo.

Ahora toca esperar esas mejoras prometidas, que la ministra Báñez debe concretar. No es admisible atribuir pasividad sólo a quien percibe este subsidio, pues su sufrimiento no se puede minimizar, sino que la pasividad reina mucho más en Colegios Profesionales e instituciones. Está claro que el subsidio debe ser a cambio de algún servicio –lo que nada cuesta apenas se valora- y la formación que se les ofrezca debe estar conectada con la realidad laboral inmediata o próxima, con frecuencia formando para el autoempleo.

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