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La familia y uno más

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Lo peor de Tania Sánchez no es lo de presunta. Lo peor es que cuando habla de sí misma y de que las acusaciones, falsas por supuesto, son fruto de una persecución política, se cree que es Angela Merkel.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Sea por su ruptura con Pablo Iglesias, sea por su alejamiento de las primeras filas de Izquierda Unida, por el propio follón interno de su partido o simplemente por decisión propia, lo cierto es que Tania Sánchez ni está ni se la espera. En todo caso el único que la espera es un juez y algunos informadores cuando entra o sale de las dependencias judiciales.

Mantiene, algo más seria, la apariencia serena del que no tiene nada que temer y su estilo desafiante; esa apariencia de estar enfadada con el mundo y ese estilo de mirar a los demás por encima del hombro que tanto predicamento le dio en algunas televisiones.

Pero el tiempo no pasa en balde y ya no valen desafíos ni miradas prepotentes. Ahora ha llegado el momento, sean o no ciertos los delitos por los que la convoca la juez de Arganda del Rey, de explicarse, de contar cosas o de callar pero, en cualquier caso de dar la cara.

La ex diputada de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid y su abogado, han optado por el ‘no sabía’. Por el ‘nadie me dijo que tenía que inhibirme en la votación’ cuando se concedían prebendas a su hermano.

Debe ser duro para alguien que va por la vida dando lecciones, confesar que votaba decisiones en el ayuntamiento de su pueblo, que suponían dineros abundantes, sin saber el a quién, ni el cómo, ni el por qué, ni el para qué.

Su hermano, nombre que por fuerza aparecía en la correspondiente documentación, se llama Héctor Sánchez Melero. Héctor no es un nombre tan corriente en España ni en Rivas, como para que pasara desapercibido a la perspicaz, entonces, concejala de Cultura. Una de las ocupaciones de su hermano se denominaba, a la sazón, ‘Aúpa’ que -además de ser un nombre que parece sacado de ‘Ocho apellidos vascos’- tampoco está tan al uso como para no llamar la atención.

Pobre excusa que, unida a preguntas que, el parecer, se negó a contestar, no dejan en muy buen lugar la pretendida -y siempre presumida- inocencia de Tania Sánchez.

Pero lo peor de todo es cuando Tania Sánchez acusa a sus acusadores de montar una operación en su contra con falsas acusaciones. Ni antes ni ahora, ha tenido una relevancia política como para que nadie se tome la molestia de urdir una trama para apartarla de la actividad pública. Vamos que no es Angela Merkel.

Por no ser, ni siquiera es Carla Bruni.

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