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Tribuna libre

La fiesta en paz

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Es fácil saber a qué hora empieza una fiesta de Nochevieja pero resulta más difícil saber si ha terminado, o cuánto ha durado.

Es fácil saber a qué hora empieza una fiesta de Nochevieja pero resulta más difícil saber si ha terminado, o cuánto ha durado. Si al salir de la fiesta ve asomar la cabalgata de los Reyes Magos por la esquina, es que se ha pasado. Y si, por el contrario, ve a la gente haciendo cola en las fruterías para comprar uvas, es posible que se haya marchado a casa demasiado temprano. Sea cual sea su caso finalmente, hay algunas consideraciones que debe tener en cuenta antes de embarcarse en la aventura de celebrar la Nochevieja.

En cualquier fiesta de Nochevieja, portar unas pequeñas tijeras resulta fundamental para terminar con el amigo pesado que insiste una y otra vez en meterle un matasuegras en las narices. El matasuegras es un instrumento de tortura que parece muy simpático durante los diez primeros minutos de la celebración. Después se rompe, se tira, o se cuela discretamente en la copa de algún enemigo y ahí termina su vida. Sin embargo, algunas personas, bien por una pesadez innata, bien por intoxicación etílica, pueden reincidir hasta el extremo en la misma broma, soplando incansablemente este artilugio. Aunque son gente que nunca atenderá a razones de ninguna clase, tampoco la noche de Fin de Año es la más indicada para liarse a golpes con nadie. Por eso, mi consejo es simple: unas pequeñas tijeras le permitirán terminar rápidamente con el incordio. Si lo logra, el resto de los invitados vendrán a felicitarle, agasajarle con todo tipo de dulces navideños, y puede que alguna camarera con dolor de cabeza le improvise un monumento en su honor con piedras de hielo sobre la tapa de la nevera.

Acudir al baño en cualquier celebración de Nochevieja es imposible. Aunque se trate de un fenómeno científicamente inexplicable, la experiencia señala que el número de personas que forman la cola del baño en una fiesta de Fin de Año multiplica por seis el aforo total del recinto. Mi consejo es que en caso de desesperación intente hacerse hueco gritando “¡Fuego!”, “¡Alto, Policía!” o incluso “¡¡Tiburón!!”. Desde mi particular experiencia, el grito de “¡¡Tiburón!!” es el más efectivo de todos, lo que invita a sacar algunas conclusiones sobre el estado en el que se encuentra la gente que alcanza el baño en estas celebraciones.

En tiempos de crisis, no conviene desestimar la opción de llevar a la fiesta un detector de metales de bolsillo, que le ayudará a recolectar multitud de monedas por el suelo de la sala a medida que avance la noche. Si en vez de monedas, lo que detecta en el suelo de la pista de baile son varias navajas y algún pequeño revólver, lo mejor es que abandone la fiesta cuanto antes y reflexione seriamente sobre la conveniencia de cambiar de amigos o de ambiente. Si el revólver es suyo y lo había perdido, reflexione también sobre su modo de vida y, sobre todo, por muy eufórico que se encuentre, evite celebrar el hallazgo disparando a las luces del techo de la discoteca. Puede que hacerlo en el Oeste resultara muy varonil, pero los tiempos han cambiado y es hora actualizar sus modales.

En la mayor parte de las fiestas privadas organizadas por gente sin experiencia en hostelería, es muy recomendable llevarse las bebidas tomadas de casa y limitarse a bailar, si se puede, o a charlar con amigos, si los hay. En este tipo de fiestas amateurs, resulta más sencillo hacerse un cóctel con el confeti del cotillón, algunas serpentinas y agua del grifo del baño, que conseguir que te sirvan una copa en la barra, que estará hasta los topes. De todas formas, no intente lo del cóctel. Lo he probado y no se lo recomiendo salvo que le divierta estornudar confeti de colores durante toda la noche.

El amor y la amistad son dos sentimientos que se manosean hasta la exageración cada Nochevieja. No se comprometa a nada que no vaya a poder cumplir con su amor platónico, ni con su mejor amigo. No improvise. No diga nada que no pensaba decir antes de cruzar el umbral de la fiesta. No diga a su amor “nunca te abandonaré” si piensa abandonarla. No diga “siempre te he querido” si acaba de conocerla. Y por supuesto, no diga “te necesito como las estrellitas del cielo al sistema solar” porque pensará que es usted un cursi o que se ha vuelto completamente loco, o ambas cosas.

Por último, tenga en cuenta que después de despedir el 2010, deberá comenzar el 2011, reincorporándose a su puesto de trabajo –si lo tiene- y atendiendo sus ocupaciones habituales. Por eso es bueno que incluya en el equipaje de su fiesta de Nochevieja una pequeña brújula, que le permitirá regresar vivo a su hogar en caso de que haya calculado mal las consecuencias de mezclar unos chupitos de crema de whisky, con un cóctel de champán, leche, huevo crudo y tequila.

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