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Tribuna libre

El futuro de los blogs a debate

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Acaba de celebrarse en Berlín una nueva edición de Republica, la conferencia internacional sobre el futuro de internet y, más en concreto, de los blogs. Sus promotores se consideran a sí mismos como una especie de elitista “bohemia digital”.

Acaba de celebrarse en Berlín una nueva edición de Republica, la conferencia internacional sobre el futuro de internet y, más en concreto, de los blogs. Los promotores de la iniciativa, que en la edición de este año convocó a 2.500 participantes, se consideran a sí mismos como una especie de elitista “bohemia digital”. Curiosamente, abundaban los cuarentones y treintañeros, mientras que los jóvenes eran minoría. Llama la atención que un mundo aparentemente tan dinámico y juvenil como internet haya dado lugar ya a una generación de maduros nostálgicos: otro signo más de la rapidísima evolución de la red y de todo lo que la rodea.

Cuando los blogs irrumpieron en la Red, reinaba una atmósfera de entusiasmo incontenible. Por fin iba a ser posible dar protagonismo a la gente de a pie, con el consiguiente efecto democratizador. Hoy ese ambiente febril, de pioneros, ha dado paso a inquietudes tal vez más banales, pero no menos relevantes. Los temas que presidieron los debates en la conferencia de Berlín fueron, entre otros, la protección de los datos personales, la censura, los peligros que amenazan a los bloggers en los países totalitarios o el poder creciente de las grandes compañías del sector.

Están en juego aspectos centrales de nuestro régimen de libertades. Es verdad que, de entrada, la Red tiene un indudable efecto democratizador, al dar voz a millones de ciudadanos que, de otro modo, no tendrían la oportunidad de sumarse al debate público. Y esto sucede cuando la libertad de expresión se ve amenazada en gran parte del mundo, también en las democracias más sólidas. Las peculiaridades del mercado de la comunicación, con su creciente importancia económica, llevan a una imparable concentración, de modo que al final unos pocos grupos multimedia, estrechamente aliados con los gobiernos de turno, controlan gran parte de la información y el entretenimiento. 

Los disidentes y críticos pueden expresarse a través de la Red y llevar sus denuncias a todo el mundo, pero eso los hace también vulnerables a la represión de sus gobiernos. En un primer momento, hackers habilidosos burlaban impunemente la censura de gobiernos despóticos, pero entretanto éstos han aprendido la lección y la persecución avanza imparable, también en la Red. China constituye, por supuesto, un caso único: el gobierno intenta controlar por completo -hasta ahora, con relativo éxito- la mayor comunidad internauta del mundo. Y lo grave es que su ejemplo hace escuela. En una intervención conjunta en Berlín, la blogger iraní Farnaz Seifi y el disidente chino Zhao Jing explicaron cómo el gobierno de Irán ha puesto en pie de guerra una policía censora de internet gracias a la colaboración china. También el control y la censura se globalizan.

La comunidad blogger se muestra igualmente preocupada por las políticas de las grandes compañías multinacionales, que pueden aprovechar su posición dominante para imponer condiciones limitadoras de la libertad. Y no digamos si se alían con gobiernos autoritarios.

También suscitó acaloradas discusiones la posibilidad de introducir censuras y filtros para eliminar los contenidos promotores de la delincuencia: pornografía, pedofilia, incitación a la violencia, terrorismo. Algunos gobiernos pretenden implantar una especie de censura previa, mientras que bloggers y empresas del sector temen que esa política acabe en recortes políticos de la libertad de expresión.

En la línea de la transición del romanticismo al realismo, una preocupación vital para muchos bloggers es el hallazgo de un modelo de negocio, siquiera sea doméstico, que asegure su viabilidad económica. Muy pocos bloggers  pueden mantenerse con esa actividad, básicamente los que ofrecen contenidos como “moda” o “técnica”, atractivos para la publicidad. Algunos afortunados han conseguido recalar en medios de comunicación o agencias de publicidad o se ganan la vida como consultores, pero se trata de una minoría exigua.

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