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Tribuna libre

2012 y la gran juerga

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Lo que hay que calcular es cuánto queda en la caja y montar una fiesta de padre y muy señor mío. La gran despedida. El colofón. En alguna ocasión en la historia he leído la aventura de esos españoles que, viendo perdida la batalla, brindaron, bailaron y bebieron con alegría mientras el enemigo acertaba a matarlos uno a uno.

En la agonía, eso sí, un oración. No sé a qué España pertenece la historia pero da igual. Seguro que no corresponde a la presente. No importa. Lo que he venido a decirles hoy es que propongo que lo celebremos de una vez y que Dios nos coja confesados.

Anoche estuve haciendo cuentas. No hay escapatoria. Estamos peleando y haciendo esfuerzos sobrehumanos para salvar un país en quiebra moral, cultural y económica. Por este orden. España es hoy una ruina capaz de agonizar durante una década como si nada importante estuviera sucediendo. Con sus coches oficiales, sus trajes impecables, y sus bravuconadas parlamentarias gozando de excelente salud, mientras el país y su clase media se retuerce y se escapa por el desagüe. Por eso no merece la pena el esfuerzo. Ni por una década más de vida, ni por media.

Se trata del fin del mundo. Sí, otra vez. Ya sé que si por los periodistas sensacionalistas fuera, el mundo se acabaría varias veces al día. Pero esta vez no es sólo sensacionalismo, al menos eso dicen los sensacionalistas. He leído los últimos informes y la conclusión es clara. El fin del mundo se acerca. Año 2012. Un grupo de científicos está convencido de que en 2012 tendrá lugar la gran hecatombe solar. Al parecer, el sol se ha despertado, y dentro de año y medio lanzará un estornudo cósmico -desconozco el nombre científico- que hará saltar por los aires todos los sistemas eléctricos del planeta y que chamuscará el bigote a todo aquel que se ponga por delante.

El día señalado para el desastre habrá huelga general en España. Entre los servicios mínimos y el estallido solar, nos quedaremos como idiotas haciendo cola en los aeropuertos, en el metro, o en la ventanilla electrónica de cualquier ministerio. Cuando consigamos despegar la silicona de los cajeros, nos encontraremos con que no hay electricidad, y con que los billetitos se los están repartiendo varios albanokosovares a modo de corralito a la europea. La explosión nos cazará además con no sé cuántos millones de parados, y con las regiones de España lanzándose como locas por la borda del país y arrancando las últimas ruinas antes del salto. Además habrá un ministro compareciendo para explicar que la huelga no la ha secundado nadie, por si cuela, y que el fogonazo es consecuencia del cambio climático. Por suerte, se quedará sin luz en mitad de la comparecencia, y nos ahorraremos los últimos cinco minutos de bobadas, mentiras e inconstitucionalidades varias. Y entre tanto, la oposición seguirá en tierra de nadie, intentando encontrar su sitio, o intentando comprar un poquito de carisma en el mercado de segunda mano.

Ante tal situación, en lugar de esperar al fin del mundo entre recortes presupuestarios y llantos, entre mentiras piadosas y encuestas manipuladas, lo mejor es que vayamos directamente al grano. Hagamos las cuentas con lo que queda en la caja y convoquemos un añito de festejos para quemar lo que nos queda, y lo que nos regalen nuestros vecinos para salir de esta situación. Destinemos una buena partida al Plan Juerga en los próximos presupuestos.

Con suerte, mientas los alemanes, los franceses y los italianos siguen trabajando como locos, con el agua al cuello, intentando sacar adelante a sus países y esquivar el fogonazo solar, a nosotros la rabia del gran astro nos encontrará de mojito en mojito, cantando "Que viva España, lo lolo lolo lololó" y asomándonos a la calle en bañador, a ver si la famosa tormenta cósmica, además de matar, broncea un poquito. Ele. Que una cosa es que estemos en crisis y otra que estemos blancos con el verano a la vuelta de la esquina.

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