Martes 23/01/2018. Actualizado 01:11h

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Tribuna libre

Un gran sistema electoral

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Los resultados de las elecciones muestran, una vez más, las ventajas de nuestro sistema electoral, tan fácil de criticar y tan terriblemente práctico.

Conviene hoy, como en toda jornada de resaca electoral, aclarar una de las confusiones clásicas sobre los efectos de nuestra legislación electoral. Casi todo el mundo parece pensar que nuestro sistema, por efecto de la llamada "ley D'Hondt", concede más representación al voto otorgado a los partidos nacionalistas que al de los que presentan candidaturas en toda España. Es comprensible que cualquiera piense así al leer que IU ha obtenido 11 escaños con 1.680.000 votos y CIU ha conseguido 16 con 1.014.263. Pero no es tan sencillo leer el significado de estas cifras, y es fácil que se produzca una ilusión óptica.

En un sistema proporcional perfecto, el que reclaman IU o UPyD, cada partido debiera obtener un porcentaje de escaños igual al de su porcentaje de votos. Si tienes un 10% de los votos deberías tener un 10% de los escaños (en nuestro caso, 35 de los 350 Diputados) El Partido Popular ha obtenido un 44,62% de los votos, así que debería tener 156 escaños (es el 44,62% del total de 350 escaños) Pero el sistema le ha concedido 186, (30 escaños de más) El PSOE ha conseguido un 28,73% de los votos, así que debería tener 101 escaños, pero ha conseguido 110 (9 escaños de más) Por contra IU tiene un 6,92% de los votos. Si aplicáramos ese porcentaje a los 350 escaños obtendríamos 24 Diputados, así que el sistema le ha "arrebatado" 13 asientos. ¿Y los nacionalistas? CIU tiene el 4,17% de los votos, así que debería tener 15 escaños. Pero tiene 16. La Ley D'Hondt sólo le ha concedido 1 de más. El PNV, con un 1,33% de los votos tiene 5 escaños, que son exactamente lo que le correspondería en un sistema proporcional puro. Y ERC y el BNG han perdido un escaño con respecto a los que tendrían derecho a conseguir si aplicamos la misma regla. La "ley D'Hondt" asigna los restos (especialmente los casi 800.000 votos que han ido a partidos que no consiguen escaños) al primer y al segundo partido y castiga muy duramente al tercero y al cuarto que se presentan en todo el país. Así que PP y PSOE son los grandes beneficiados y IU y UPyD los grandes perjudicados. Los nacionalistas se quedan más o menos como están. Cuestión bien diferente es que sus Diputados defiendan en el Congreso un programa nacionalista frente a partidos que defienden el interés general. Pero eso tiene más que ver con la desactivación política del Senado realizada por los propios constituyentes que lo crearon en 1978. Los catalanes deberían poder enviar gente al Senado para representarles como catalanes y al Congreso para representarles como españoles. Pero si el Senado no tiene ningún poder, están obligados a decidir. Lo mismo podrían hacer los madrileños o los andaluces.

Y estos efectos de D'Hondt, ¿son malos? En mi opinión, son fantásticos. Las democracias suelen tener que optar entre dos sistemas. Uno es el anglosajón, con dos grandes partidos que permiten un gobierno fuerte y estable y una oposición también fuerte de un solo partido que controla al poder y prepara una alternativa. El precio que se paga es laminar cualquier otro tipo de representación. Si no te gustan los dos grandes partidos te sentirás fuera del sistema. Para evitar esto, los sistemas proporcionales como el belga o el italiano dan entrada a muchos partidos. El precio es la inestabilidad política casi permanente. El sistema español, producto de una mezcla casi casual de muchos elementos, ha producido legislaturas estables con gobiernos fuertes y ha permitido que un partido destaque siempre en la oposición y pueda convertirse en una alternativa estable. En medio de la peor crisis económica de nuestra democracia, los españoles han confiado con claridad en esa alternativa, la que les ofrece el sistema, sin  que parezca que ninguna otra opción exterior a la democracia constitucional les haya convencido. Me parece una gran noticia.

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