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Tribuna libre

Las hambrunas en África contrastan con el despilfarro de alimentos

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Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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En espera del informe anual de la FAO, el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia informa del problema de desnutrición severa que afecta a cerca de un millón de niños en África oriental y meridional. Por otra parte, la ONU estima que 14 millones de personas podrían morir de hambre en 2016 en el sur de África. Como suele suceder endémicamente, Etiopía es el país más afectado.

A las causas tradicionales clásicas, derivadas de los conflictos regionales y de la corrupción de los gobiernos, se suman ahora los cambios climáticos originados por el fenómeno de El Niño. La consecuencia de todo, señalada hace mucho tiempo por diversos organismos internaciones y ONG, es el aumento inmoderado de los precios de productos básicos para la alimentación humana.

Para paliar el problema, no basta con el aumento de donaciones por parte de los países más desarrollados. Porque el nudo gordiano es la distribución de ayudas económicas o en especie, de modo que lleguen efectivamente a las personas que requieren ese apoyo excepcional. Además de la cuestión ética, no es fácil estructurar mercados y servicios para hacer posible ese intercambio.

Resulta todo más asequible en las zonas avanzadas. Así sucederá en Francia, donde el parlamento acaba de aprobar una ley que prohíbe a los supermercados tirar o destruir los alimentos que no vendan. La norma establece la obligación de entregarlos a ONG, como los bancos de alimentos, o a instituciones benéficas, para asegurar su distribución entre las personas necesitadas. Los promotores de la iniciativa habían llegado a estimar que en el Hexágono se echaban a perder anualmente siete millones de toneladas de alimentos.

En la práctica, dentro de los contrastes de tantas naciones desarrolladas, había ido creciendo el número de familias, desempleados, personas sin domicilio fijo, estudiantes, que se alimentaban gracias a productos que recogían en los contenedores de basura próximos a grandes superficies. De ahí la fuerte sanción prevista en la ley para supermercados que destruyan deliberadamente alimentos, incluso al margen de la fecha de caducidad.

No sé si a estas alturas se habrá resuelto el conflicto entre el Banco de Alimentos de Valencia y el nuevo Ayuntamiento de la ciudad, que no cumplía un antiguo convenio para facilitar el trabajo de esa ONG: los servicios sociales municipales se comprometían a pasar al Banco una relación nominal de personas necesitadas de alimentos, garantizada por los correspondientes asistentes sociales. Si no estoy equivocado, la responsabilidad es paradójicamente de una concejala de Compromís: bella palabra en la retórica política, que los hechos se encargan de anular. No estamos en el Tercer Mundo, pero, sin duda, la mentalidad de estos ediles enlaza perfectamente con la corrupción que impide los avances en esas regiones menos desarrolladas.

En septiembre, 193 Jefes de estados y de gobierno del mundo aprobaron, en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, un plan ambicioso con el objetivo, entre otros, de erradicar la pobreza extrema en el mundo: la Agenda 2030 para un desarrollo sostenible, que sustituía y

actualizaba con nuevos bríos los objetivos del milenio (hasta 2015), fijados en la conferencia internacional celebrada en Doha el año 2000.

En Nueva York quedó claro que no se había alcanzado ninguno de los ocho objetivos de Doha. Pero, al margen de posibles errores –los servicios estadísticos de ciertos Estados no trabajan con rigor-, el avance era considerable en muchas áreas, concretamente, respecto de la erradicación del hambre, también si se tiene en cuenta que la población mundial pasó de 5.200 millones en 1990 a 7.300 veinticinco años después: el número de personas que padecían hambre bajó del 23% al 12,9%. Pero como afirmó entonces el informe oficial previo a la aprobación del nuevo proyecto, la comunidad internacional puede alegrarse, pero ““el trabajo no está completo: debe proseguir”. Los últimos datos publicados lo confirman.

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