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Si tu hijo quiere ser político

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“Si mi hijo me dice que quiere ser político, le doy dos tortas”. Quien lo ha dicho ha sido un político relevante hasta hace poco. A ese nivel se ha llegado.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Cuando ese ex político se pronunciaba ante la hipótesis de que su hijo se dedique a la política – desde luego, lo de las tortas está fuera de lugar, aunque el tono coloquial lleva a expresiones desafortunadas -, resumía su experiencia en la política, durante bastantes años. Desencantado por la falta de democracia interna de los partidos políticos en España, por la poca categoría de los compañeros de partido que había conocido, por anteponer los intereses personales a los del partido y a los de la sociedad – vamos, “peleando por la poltrona descaradamente” – y no reparando en cualquier medio para sacar adelante sus propósitos, recordando continuamente a Maquiavelo con su famosa frase de “el fin justifica los medios”.

En el coloquio al que me refiero, terció un asistente – no político – para decir con sorna y sentido práctico: “Si alguien no tiene trabajo o es de ínfima calidad, que se dedique a la política, pues para que otros vivan de la política…”

El desprestigio de los políticos españoles es evidente. No es momento de analizar exhaustivamente las causas, pero desde luego hay que recordar que los elegimos nosotros y dejamos hacer, tenemos lo que merecemos, aunque sé que no me gano muchos amigos con esta afirmación.

Con este clima, apareció Podemos, supuestamente para renovar el panorama político, los defectos de la política. Pero Pablo Iglesias va dando sucesivas muestras de falta de democracia interna, con ese sospechoso populismo que él mismo calificó como mera “táctica para llegar al poder”. Para echarse a temblar. Y Echenique, secretario de Organización de Podemos, al dimitir como diputado en las Cortes de Aragón, se ha lanzado a afirmar que Aragón no es una nación, a diferencia de Cataluña.

Por otro lado, Pedro Sánchez se ha empecinado en la fórmula plurinacional, afirmando que todas las naciones de España son España. Falta que haga un listado de qué territorios españoles considera “nación” y cuáles no, para que intente obligarnos a discutir sólo de lo que le interesa a él, para distraernos de los problemas reales.

Recuerdo a un alto cargo del PP, hace años, que expresaba su admiración por el presidente Felipe González por algo tan sencillo como que aguantó sin inmutarse que le tiraran huevos en Sagunto. “Así quiero ser yo”, dijo entonces el líder del PP.

Los problemas reales en España, en estos momentos, son el paro, el terrorismo yihadista, Cataluña, la financiación justa de las comunidades autónomas – aprobada por Zapatero en el poder – y la educación, sin pretender hacer un listado ordenado ni completo.

Puigdemont esgrime que hay que independizarse de España porque es foco de corrupción. Y no le crece la nariz, asombroso: tal vez asocia a Jordi Pujol y su familia con Andorra, no sé… El 3% de comisión , reconocido en público hace 10 años por Carod Rovira, todavía escuece y asombra que no se atajara: se sabía, se callaba, se consentía.

No perdamos el tiempo en lo que los políticos pretenden muchas veces. Son bombas de humo, carantoñas de adolescente, coqueteos instantáneos para arañar votos.

Me parece que coincidimos muchos: la política debe ejercerse durante un tiempo, no tener “profesionales de la política”. Que un político pueda dejar la política porque tiene una profesión anterior con peso. Si no, el pesebre, la corrupción y los “navajazos” entre políticos se extienden.

De todas formas, si sólo denunciamos el desprestigio más que merecido de los políticos, poco avanzaremos. Quien tenga un trabajo al que pueda volver si se cansa o le echan de la política, y tiene condiciones para la política, que se anime a enfrascarse un tiempo.

Si sólo nos quedamos del España-Italia con los gritos a Piqué – que no comparto – y con que Ramos lanzara la falta acaparando hasta en eso su rol de capitán de la selección, olvidaremos que la política requiere, de verdad, gente nueva, que no significa utópica, pues muchas carencias de los políticos se pueden aplicar a otros ámbitos de la sociedad.

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