Lunes 11/12/2017. Actualizado 01:00h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

Tribuna libre

Algo huele mal en la huelga

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Una huelga general es un asunto de tanta gravedad para un país, que no la convocan los sindicatos sino la misma sociedad como un recurso extremo. Si no es así, es que algo funciona mal.

Cuando unos sindicatos convocan una huelga general, tiene que estar tan justificada, tan perfectamente razonada, con unas causas tan claras y con unos objetivos tan definidos, que de no ser así esa huelga es, cuando mínimo, sospechosa.

Las huelgas generales, en cualquier circunstancia, más en la España actual, son una medida extrema, el final de una acción sindical continuada y, por supuesto, fruto de un clamor popular y de un malestar social evidente.

Las huelgas generales, a priori, no son discutibles en cuanto al éxito y la participación. Su necesidad debe ser tan palmaria que nadie se plantea si el mayor o menos seguimiento es un éxito o un fracaso de los convocantes. Si la huelga general no es ‘convocada’ por toda la sociedad será un fracaso con independencia de la participación.

Por eso da que pensar el ‘afán recaudatorio’ de los sindicatos. Los líderes de UGT y de CC.OO se desgañitan un día tras otro intentando movilizar a los españoles y eso huele mal. Huele a que es una huelga general artificial o al menos convocada sin las condiciones normales de toda decisión de este tipo.

Afirmar que el derecho de huelga está por encima del derecho al trabajo o pedir al ‘camarada’ Rubalcaba que participe en los piquetes informativos, es simplemente una muestra del desajuste de la convocatoria, de su falta de oportunidad y de la ausencia de fe que, en esa misma convocatoria, tienen los convocantes.

Huele a que los sindicatos españoles no solamente no tienen el seguimiento habitual de los trabajadores, sino que da la sensación de que para el día 29 su desconfianza es extrema. Podrán paralizarse los transportes, discutirse los servicios mínimos, arengar a los afiliados o boicotear la entrada a las empresas y lugares de trabajo, pero la actuación previa de los convocantes hace sospechar –y más que sospechar- que algo no marcha bien.

Después llegará como de costumbre la batalla de cifras pero, sin contar uno a uno a los participantes, los prolegómenos no pueden ser más desafortunados.

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··
··