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Tribuna libre

La jauría zapaterista quiere despedazar a Zapatero

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No se trata de apuntarse tantos, pero hace ya algún tiempo dije que Zapatero tendría una salida política muy amarga. Y se está cumpliendo. Porque en estos momentos se ve cercado de conspiraciones y cada vez son más lo que le dejan solo.

Lo cual me recordaba el mito griego de Acteón, el experto cazador a quien la diosa Artemisa convirtió en ciervo y murió despedazado por sus propios perros. Añade el relato  mitológico que sus amigos azuzaban a la jauría

 

Apunté entonces que la salida sería dura porque, entre otras cosas, Zapatero no ha sido, ni es, un líder querido dentro del PSOE. Ha sido secundado, tal vez admirado, pero no querido.

Un líder imprevisto que gana elecciones

Se convirtió de improviso en líder del partido, ganando un congreso en el que no era el favorito. Y ¿qué ocurrió? Que ese joven secretario general ganó en 2004 unas elecciones que nadie pensaba. Tampoco él mismo, por cierto.

Desde entonces, le han seguido como interesados corderillos, mientras continuaba siendo ganador, como ocurrió en 2008. A pesar de que, por el camino, aquel grupo juvenil y triunfador que constituyó la llamada Nueva Vía, y que le llevó en volandas a la presidencia del Gobierno, se haya roto en mil pedazos, incluyendo decepciones, o incluso al ostracismo, como con Jesús Caldera o Jordi Sevilla.

Mirando a los años transcurridos, nunca ha habido en el PSOE menos debate ni menos democracia interna. Nunca tantas bocas cerradas. Han desparecido radicalmente las corrientes, los grupos…

Zapatero ha hecho y deshecho a su antojo, casi siempre sin contar con nadie. De tal forma que jamás ningún dirigente socialista había tenido tanto poder ni mandado tanto. Pero todo se le permitía porque era un seguro de vida electoral…

Que no venga a Cataluña

Las apreturas económicas, los evidentes errores en la gestión de la crisis, la pérdida de liderazgo internacional, empezaron poco a poco a erosionar una confianza que ya no era como en el pasado.

Las primeras amarguras se visualizaron cuando, desde el PSC, se pidió que Zapatero ni apareciera por su campaña de las autonómicas. Lo mismo escuchó poco después desde el País Vasco.

Ahora, en las municipales y autonómicas del 22 de mayo, otros barones regionales han renegado de él como si fuera un apestado. Ahí está el caso del castellano manchego José María Barreda, pero sin olvidar que otros hasta escondieron las siglas del PSOE en los carteles de propaganda.

Y ¿qué ha ocurrido? Que ha sobrevenido la derrota. Pero no una derrota cualquiera, sino que el PSOE ha cosechado el peor resultado electoral que se recuerda en el partido. Y, con ello, el momento de los miserables, de la jauría, ha llegado.

Todos callaron

Muchos dirigentes denuncian ahora el excesivo ‘peso’ de Zapatero sobre el partido, para sostener a continuación que su derrumbe personal arrastra al partido, y que eso es la que ha provocado el fracaso en las elecciones. Olvidan, como digo, que también ‘tiró’ del PSOE cuando estaba en horas bajas y lo llevo a dos victorias electorales.

Querer despedazar, desde dentro, al primer secretario es, además de una vileza, una enorme injusticia. Porque todo lo que Zapatero ha puesto por obra y practicado en estos siete años, lo ha hecho con el apoyo de los demás, que han votado sus decisiones una vez tras otra. O, en todo caso, con el silencio de quienes ahora se erigen en verdugos.

Si, en el pasado, la corrupción se convirtió en la tumba electoral de los socialistas, ahora, la herencia de Zapatero, el zapaterismo, es visto por los principales dirigentes como el problema que hay que erradicar.

Ahí están las palabras de Barreda, hablando de iniciar una reflexión a fondo sobre el partido, llegando incluso a los cimientos. Lo que él propone es un giro del PSOE al centro. Considera que la deriva izquierdista que le ha dado Zapatero ha alejado a los electores. Otros sostienen todo lo contrario: que hay que ir más a la izquierda.

La propia intervención de Carme Chacón, pretendidamente partidaria de Zapatero, fue demoledora, cuando afirmó que hay que “recuperar” la esencia socialdemócrata del PSOE, y desgranó su presunto programa con vistas a las primarias: recuperar el prestigio de los políticos, engranar con la gente joven, no someterse a las presiones de los mercados y del dinero… que hay que interpretar como que eso es lo que le pasa al PSOE de Zapatero.

El movimiento final de Alfredo Pérez Rubalcaba, forzando la propuesta de un congreso extraordinario, ha tenido que resultar especialmente doloroso para Zapatero. Porque, como muchos interpretaron, ese congreso, de celebrarse constituiría una enmienda de totalidad a la actual dirección. Y se descabalgaría y echaría al secretario general de la forma más humillante.

La hora de la jauría ha llegado y el momento de dirigirse a por Acteón.

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