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Los laciparlantes

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Con lazos o sin lazos, hay que convenir que ni las elecciones ni el 155, han cambiado demasiadas cosas en Cataluña. Todo sigue igual, tal y cómo lo dejó Artur Mas. Si acaso, ha cambiado la residencia de algunos políticos.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Que nadie piense que las habilidades de Rufián en el Congreso de los Diputado nacen por generación espontánea. En Cataluña, concretamente en su Parlamento, son muy dados a los numeritos y todo se aprende y todo se pega. El pasado miércoles, en la sesión de constitución y en la elección de la Mesa, aparecieron los escaños de prófugos y encarcelados, cubiertos con un enorme lazo amarillo.

Siempre se ha denominado a los diputados poco trabajadores y que votan lo que les digan, como ‘culiparlantes’. Ahora habrá que calificarlos de ‘laciparlantes’. Además del voto delegado que ejercieron entre las ovaciones de sus conmilitones, prófugos y encarcelados, hablan a través de un lazo amarillo que adorna su escaño. Solamente faltaba Rufián.

Como una vez sentados en el escaño, el elemento anatómico- parlante de toda la vida se ve más bien poco, hay que hacerse notar con un gran lazo, que es como si estuviera sentado en el sillón de representante del pueblo catalán. No había camisetas ni cartelitos, pero había lazos porque los de las solapas son más bien simbólicos, mientras que los lazos que se asientan en el escaño, por su tamaño, tienen como más presencia. Todo muy evocador.

Pero con lazos o sin ellos hay que convenir que ni las elecciones ni el 155 han servido para mucho. Cataluña está donde estaba; con toda seguridad en la situación en la que los catalanes han decidido que esté. Lo único que ha cambiado con el 155, es el lugar de residencia de algunos políticos pero, por lo demás, las cosas siguen como han estado desde que Artur Mas decidió tapar vergüenzas propias y ajenas con el truco del independentismo.

Y ahora a seguir esperando declaraciones, recursos, impugnaciones, lamentos y alegatos. Los discursos no han sido demasiado alentadores. Tanto el incendiario de Ernesto Maragall, como el supuestamente conciliador de Roger Torrent, no dejan resquicio a pensar en que algo diferente está ocurriendo en Cataluña.

Y puestos a esperar, es de esperar, que los ‘laciparlantes’ piensen y voten con el... lazo. Siempre será más llevadero.

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