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Tribuna libre

Cómo librarse de una despedida de soltero

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La única manera de evitar que algún amigo infiltrado te prepare una desagradable despedida de soltero es organizarla tú mismo.

El verano es época de bodas. Buen momento para un pequeño ajuste de cuentas. Quienes van a casarse deben pasar por muchas pruebas. Sin duda, la más dura de ellas no es sentir amor sincero, ni tener la seguridad de haber elegido a la persona adecuada. La más dura de todas es superar la llamada ‘despedida de soltero’. En este ritual salvaje, algunos pierden su boda, otros pierden el conocimiento, y casi todos, pierden el tiempo. Por suerte, no está todo escrito aún. La venganza se sirve fría.

La ‘despedida de soltero’ es una celebración en la que cuarenta hombres se emborrachan a las tres de la tarde en un restaurante chino vestidos de biberón, al tiempo que humillan y agreden a otro que ha decidido casarse. Es una celebración muy divertida. Siempre y cuando te parezca divertido emborracharte a media tarde en un restaurante chino vestido de biberón. A los chinos les hace mucha gracia porque no entienden nada. A los amigos del novio, también, porque han probado la botellita de fluidos verdes que les ha ofrecido el chino a la entrada del restaurante. Y al futuro marido… ¿a quién le importa el futuro marido en una despedida de soltero?

El fundamento, el origen científico, que sustenta la despedida de soltero, es objeto de históricas controversias. Hay quien recurre a la mitología griega para intentar convencerse de que se trata de una celebración en la que los amigos del novio festejan que mantienen su soltería. Otros creen que la despedida de soltero es una respuesta biológica del macho común ante su inminente compromiso. Un último grupo interpreta estas celebraciones como una juerga más, bajo la perspectiva de que cualquier lugar y momento es oportuno para alzar unas copas, brindar y montar después una reyerta. Lo único cierto sobre las despedidas de soltero masculinas es que son un suplicio para todos, menos para los organizadores.

Las futuras esposas suelen tenerlo más fácil. Sin embargo, para un hombre, librarse de una despedida de soltero es imposible. Cuentan que hace décadas, un joven norteamericano estuvo a punto de conseguirlo, arrojándose a las cataratas del Niágara. Pero al llegar abajo, se encontró a varios compañeros de colegio, embutidos en trajes de submarinista, cantando a coro Tengo un tractor amarillo, acompañados por bandurrias acuáticas. Por un momento, soñó que lo había conseguido, pero no. Vana ilusión.

Así están las cosas. La única manera de evitar que algún amigo infiltrado te prepare una desagradable despedida de soltero es organizarla tú mismo. Afortunadamente, esta absurda tradición no admite segundas partes. Organizarla por tu cuenta, ofrece muchas ventajas. Por un lado, podrás vengarte de esos amigos tan graciosos que tienes. Diseña para ellos algún juego arriesgado. Disfrázalos de lo más ridículo que se te ocurra. De nenúfar, estará bien. Oblígalos a pasearse por la ciudad. Trata de disfrutar de su ridículo. Y si no, márchate en paz. Estos tipos se toman muy en serio la obediencia al plan establecido por la organización. Harán el ridículo en solitario, mientras tú disfrutas de un partido de fútbol americano, o descuartizas naves espaciales en la Wii, que son las dos primeras aficiones de todo hombre que se encuentra a pocos meses de su boda.

Al organizar tu propia despedida, tú marcas los tiempos. Puedes alargarla si te lo estás pasando bien, o cortar de raíz si se te ha ido de las manos. Se considera que una despedida de soltero ha comenzado a desmadrarse cuando se detecta un foco de sangre humana en la ropa de alguno de los invitados. Y se considera que se ha ido completamente de las manos, a partir del segundo cadáver.

Otra ventaja de organizar tu propio festín, es que podrás elegir a los invitados. Detrás de una despedida de soltero no suelen estar los mejores amigos, sino simplemente los que tienen peor gusto. No encontrarás nada más satisfactorio que dejarlos fuera de la lista. Sopesa si es mejor que no acudan, o si prefieres que estén presentes, para poder vengarte de ellos. Yo apuesto por lo segundo. Supongo que la venganza, en una ocasión así, puede ser un sentimiento noble.

Ánimo y valor. Es hora de plantarse y ajustar cuentas. Estamos en un momento histórico. La rebelión de las víctimas de las despedidas de soltero ya es imparable. Es hora de que celebremos una gran despedida a todos estos sujetos que se dedican a esto casi de forma profesional. ¡Divirtámonos! Es buen momento para meter a todos estos tipos en una isla griega, rociarlos con vino tinto, atarles una pañoleta roja a la cintura, y soltar una manada de toros bravos. Después colgaremos en Facebook los mejores momentos. Ya sabes, me gusta, me gusta, me gusta. Y les mandaremos flores al hospital. Nenúfares, por supuesto. Será tan divertido. Quizá de esta manera comprendan lo gracioso que resulta todo esto. O al menos, tal vez, nosotros entendamos por fin el chiste.

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