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Los límites de la ampliación de la OTAN

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Montenegro ha sido invitado por el Consejo Atlántico, en su reunión del pasado 1de diciembre, a formar parte de la OTAN.

Un artículo de...

Antonio Rubio
Antonio Rubio

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Previamente el país balcánico había sido admitido a un MAP (Membership Action Plan), un programa de transición para incorporarse, el mismo programa al que se adhirieron Macedonia y Bosnia-Herzegovina. Sin embargo, estos dos países difícilmente se incorporarán a la Alianza, pues Macedonia se sigue encontrando con el veto de Grecia, empeñada desde hace años en obtener un cambio de denominación de la antigua república yugoslava. Y en cuanto a Bosnia-Herzegovina, es conocido el rechazo de los serbobosnios que no olvidan su derrota por las fuerzas de la Alianza hace dos décadas, además de los bombardeos aliados sobre Serbia durante la guerra de Kosovo. Si tenemos además en cuenta que Albania y Croacia se incorporaron a la OTAN en 2009 y que Serbia ha descartado por completo su adhesión, solamente queda Montenegro, en la región de los Balcanes, como el único Estado con posibilidades de convertirse en el socio vigésimo noveno de la Alianza.

El hecho sirve para confirmar que tanto la expansión de la OTAN, como de la UE, han tocado techo desde hace unos años, aunque en los primeros años del presente siglo las ampliaciones eran presentadas como la reincorporación de una serie de países a un Occidente del que habían estado alejados mucho tiempo. Finalizada la guerra fría, la OTAN vio pasar a un segundo plano su papel de instrumento de seguridad colectiva, desplazado por una función de seguridad cooperativa, caracterizado por las misiones de estabilización en las posguerras y el mantenimiento de la paz, eso sí con la cobertura de las resoluciones de la ONU. En este contexto, ampliar la OTAN no era tanto una cuestión geopolítica sino un proceso para la creación de un espacio de seguridad y estabilidad a lo largo del continente europeo, una especie de contribución a una Europa unida basada en la armonización de sistemas políticos democráticos. Evidentes obstáculos eran, sin duda, la falta de tradición democrática, la amenaza de los nacionalismos secesionistas y la losa prolongada de la corrupción, pero, en cualquier caso, la política se imponía sobre la geopolítica. Tal era el discurso oficial en Washington y en las capitales europeas de la Alianza, mas no así el de Rusia, incapaz de entender de disquisiciones acerca de un mundo kantiano, en el que las democracias no combaten entre sí. A Moscú le bastaba con mirar el mapa para darse cuenta de que una organización militar, la misma que fue su enemiga en la guerra fría y que no se disolvió tras la caída de la URSS, se acercaba a sus fronteras o a países que tradicionalmente habían estado bajo su área de influencia. En consecuencia, los rusos tenían que oponerse, y con mayor razón todavía, si los futuros aspirantes eran antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia.

En el caso de Montenegro, la incorporación a la OTAN no es una amenaza a las fronteras rusas. ¿Qué peligro representa este pequeño país mediterráneo con apenas 2000 efectivos militares? Pero para Moscú es una provocación que atenta contra la Historia. Un diplomático ruso me recordó una vez que no existía diferencia entre Serbia y Montenegro, con la alusión a un dicho del pasado que afirma que estos dos países son los ojos de una misma cabeza. Esta percepción implica otra mirada al mapa, pues Serbia, tradicional aliada de Rusia, quedaría rodeada por países miembros de la OTAN y la UE. Con todo, los serbios sí son aspirantes a entrar en la UE, algo con lo que Moscú tampoco estará muy de acuerdo.

Tanto Serbia como Rusia se opusieron a la secesión de Montenegro, pero un 55,5% de los electores montenegrinos en 2006 se inclinaron en un referéndum por la independencia. Este resultado demuestra la división de la sociedad que, sin duda se acentuará tras la invitación a formar parte de la OTAN, y ya se han producido violentas manifestaciones en la capital del país. Por lo demás, el parlamento de Montenegro, compuesto por 79 diputados, aprobó en septiembre una resolución, suscrita por 50 legisladores, a favor de la adhesión del país a la Alianza. La coalición por un Montenegro europeo, que agrupa a socialdemócratas y liberales, ganó las elecciones de 2012, pero las formaciones opositoras, entre los que destaca el Frente Democrático, partidario de la unión por Serbia, esperan su oportunidad en las elecciones del próximo año, mas no es fácil que sustituyan a la coalición gobernante en un futuro próximo.

La oposición de Rusia era previsible, pero la OTAN ha querido demostrar que no admite ningún veto de los rusos a ampliar el número de sus socios. Otra ventaja a favor de Montenegro es que ninguno de los 28 miembros de la Alianza se opone a su entrada. Sin embargo, si se tratara de Ucrania o Georgia, las reticencias de Francia y Alemania, entre otros países, saldrían a relucir. La OTAN no invitó a Montenegro a la adhesión en la cumbre de Gales, de septiembre de 2014, pues los acontecimientos de Ucrania estaban muy recientes. En cambio, lo ha hecho ahora cuando las prioridades de la seguridad internacional pasan por Siria, con el consiguiente entendimiento con los rusos. Pero el guión parece escrito de antemano: Rusia se opone y la OTAN da muestras de no consentir interferencias ajenas. Otra cosa es la real importancia estratégica de Montenegro y la remota posibilidad de que otros países se incorporen más tarde a la Alianza.

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