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Tribuna libre

El loro, la zorra y las gallinas

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Hace unas semanas las asociaciones ornitológicas de todo el mundo protestaron enérgicamente al conocer la noticia de la detención del loro Lorenzo.

El loro es un animal muy simpático. En la intimidad de su cuarto, usted puede recitarle a diario cien veces “La tía Petronia es fea y gorda” durante semanas, pero no conseguirá que el loro le siga el juego y lo repita. En cambio si meses después la tía Petronia decide hacerle una visita, al pajarraco se le desatará la lengua de golpe. Y entonces recitará con alegría e insistencia: “¡La tía Petronia, es fea y gorda! ¡La tía Petronia, es fea y gorda!”. Y usted deseará entonces tener alas para salir volando de allí. Así que los loros son un encanto, pero un encanto muy particular.

Hace unas semanas las asociaciones ornitológicas de todo el mundo protestaron enérgicamente al conocer la noticia de la detención del loro Lorenzo. Lorenzo es un loro grande, de color verde, que está acusado de cooperación con el narcotráfico. Al parecer, fue entrenado para dar la voz de alerta a los narcos cuando se produjeran redadas policiales. En una operación en Barranquilla, en Colombia, varios agentes asaltaron un piso sospechoso de albergar narcos. Una vez dentro de la casa, comprobaron que allí no quedaba ni rastro de los delincuentes. Tan sólo el loro Lorenzo, que radiaba desesperadamente desde una esquina: “Corre, corre, corre que te come un gato. Miau, miau, miau”. Al contrario de lo que se barajó en un primer momento, en las inmediaciones de la jaula no se encontraron botellas de Anís del Loro vacías. Aquello era simplemente un mensaje en clave.

Me cuentan que en Colombia, el loro que avisa de la presencia policial en la zona es el último grito entre los delincuentes. Se ha montado un gran negocio en torno a estos animalitos, lo que confirma que la crisis económica también está azotando a las mafias. En las tiendas de subastas de la red son el último grito, e incluso se venden ya en algunos chinos, aunque sin plumas, y ofreciendo la señal de alerta en mandarín.

Lorenzo quedó finalmente en libertad, después de ser investigado por las autoridades colombianas. En el interrogatorio se mostró implacable. No cantó nada interesante y lo declararon inocente, aunque no pareció importarle demasiado todo el proceso. Creo que en comisaría, rodeado de policías, se volvió loco como un detector de metales en una platería. “Corre, corre, corre que te come un gato, Miau, miau, miau”, repetía atropelladamente entre sudores, con los ojos fuera de las órbitas, mirando hacia todas las direcciones. Después, en rueda de prensa, afirmó que no tenía intención alguna de reproducir conversaciones secretas que pudieran delatar a sus amos, tal y como la policía colombiana pretendía. “No me venderé por un puñado de alpiste”, sentenció a la salida del juzgado.

Siguiendo el ejemplo colombiano, me cuentan que en las últimas semanas el CNI ha iniciado un dispositivo parecido consistente en introducir al loro Manolo, primo hermano Lorenzo, disfrazado de paragüero, en los despachos de altos cargos del Gobierno y la oposición, para realizar su propio experimento. He tenido acceso a los primeros resultados de la prueba. Después de pasar unos días en la oficina del Presidente, el loro Manolo imitaba su voz engolada repitiendo: “Zapatero es el mejor, Zapatero es el más guapo, Zapatero es un ilustre economista”. Al repescar al mismo loro después de pasar una temporada en el lugar de trabajo de Rajoy, el animalito exclamaba haciendo dos voces: “Don Mariano, despierte. Despierte, por favor. No quiero, no quiero. ¡Despierte¡ Nada de política. Sólo fútbol. Sólo fútbol”.

Y después de visitar la oficina de Rubalcaba se produjo la tragedia. Desde que la zorra vigila a las gallinas, han comenzado a suceder fenómenos extraños en la granja. El loro Manolo se disponía a cotorrear unas cuantas horas en el lugar de trabajo del vicepresidente, con su disfraz de paragüero. Pagó cara su imprudencia. Sólo se le ocurre a Manolo medirse con Sitel. No se sabe exactamente cómo se produjeron los hechos. Al término del experimento, no consta declaración alguna del loro. En cambio, a Rubalcaba se le escuchó exclamar: “Corre, corre, corre, estaba rico el loro, estaba rico el loro. Miau, miau, miau”.

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