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Tribuna libre

Qué moto tengo

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Además de moto hay que tener mucho morro para negarse a renunciar a uno solo de los privilegios que tienen senadores y diputados.

Es el sucedido de aquel hombre que presumía de solidario. ¿Y darías todas tus fincas para los demás? Por supuesto. ¿Y tus ganaderías? Naturalmente. ¿Y todos tus coches de lujo? Faltaría más. ¿Y tu moto? Ojo, que moto tengo. O sea, la moto ni tocarla.

Algo parecido le han dicho los senadores y diputados a Rosa Díez cuando ha propuesto revisar los privilegios leoninos que tienen nuestros probos representantes en el asunto de las pensiones.

Ahora que están tan de moda las rebajas -y no precisamente las del ‘cortinglés’, que diría el maestro Antonio Burgos- se le ocurre a la política de UPyD tocarles las narices –o por mejor decir los bolsillos- a los padres de la patria que se desviven por todos nosotros y no ven el momento de dejar de trabajar en sus respectivos escaños.

Total, no es para tanto. Se trata de que cobran el máximo de pensión por estar siete años dejándose la vida y la salud por todos nosotros. Qué menos. Lo que pasa es que se dejan la salud discutiendo, siempre por nuestro bien, los años a los que nos tenemos que jubilar, el cómputo de cotizaciones y el plazo para calcular la cuantía de la pensión. Y eso les tiene tan agotados que cuando toca hablar de lo suyo apenas le dedican unos segundos al no rotundo. De eso nada, que moto tenemos.

Además de moto hay que tener mucho morro y ser un pelín desahogados para, con la que está cayendo, negarse en rotundo a revisar uno sólo de sus privilegios.

Y la inmensa mayoría tiene su mérito para estar donde están. Ni oposiciones, ni estudios, ni el más mínimo esfuerzo que no sea -en la mayoría de los casos- luchar a codazos por ser el primer pelotillero de su circunscripción y que le pongan a uno en un número de la lista con ciertas garantías de salir. Después, a aguantar dos legislaturas y a cobrar.

En el intermedio, mucho trabajo, pocas vacaciones y aporrear puertas para poder entrar en las votaciones y que a uno no le pongan falta en el partido.

El peligro es evidente. Al dejar el escaño no son demasiados los que se ganarían la vida, o al menos la vida que llevan ahora, y eso hay que defenderlo a ultranza, que no están los tiempos como para hacer despilfarros.

Y eso es lo que hay, lo que tenemos y no sé si lo que nos merecemos

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