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La decadencia de movimientos emergentes: Beppe Grillo se hunde en las municipales

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Las explicaciones no pueden ser monolíticas, porque vivimos en una sociedad compleja; más lo es la política italiana, particularmente resistente a los simplismos.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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Pero tras el espectacular avance del Movimiento Cinco Estrellas hace un año, victorioso en ciudades emblemáticas como Roma o Turín, no es fácil entender cómo sus representantes quedarán ahora fuera de la segunda vuelta del próximo 25 de junio en lugares no menos significativos como Génova (donde nació Beppe Grillo), Palermo (Sicilia), L'Aquila (Abruzzi) y Catanzaro (Calabria). En general, se ha producido un terremoto en sentido contrario al de 2016 en los 1004 ayuntamientos que renuevan ahora su consejo municipal.

El líder del Partido Democrático, primer ministro dimitido tras el fracaso de su plebiscito, se ha apresurado a afirmar que “el Movimiento Cinco Estrellas pierde porque no sabe gobernar". Los electores no ven hecha realidad esa honestidad y competencia al servicio de los ciudadanos, que Grillo proponía en una famosa entrevista de abril del 2017 como características de un gobierno del M5E, frente a la Italia de mucho tiempo atrás. Ciertamente, la experiencia negativa de las alcaldesas de Roma, Virginia Raggi, y Turín, Chiara Appendino, pasan factura en todo el país. Por si fuera poco, está a punto de ser reelegido el alcalde de Parma, Federico Pizzarotti, que rompió con Grillo en el otoño de 2016, y se ha presentado como independiente.

En cambio, y frente a quienes daban por muertos a los partidos tradicionales, el centro izquierda liderado por Renzi obtuvo buenos resultados, y estará presente en casi todos los balotajes. Algo semejante sucede con el centro derecha, especialmente allí donde acudieron a las urnas en coalición la clásica Liga Norte lombarda y la Forza Italia berlusconiana: podrían hacerse con las alcaldías de Génova, Verona o Padua. Los observadores señalan que si los dos líderes, Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, fueran capaces de superar sus diferencias y presentasen candidaturas conjuntas, podrían salir victoriosos en las elecciones generales que se celebrarán antes de febrero de 2018.

Tal vez por esto, y dentro de la reconocida capacidad táctica del antiguo humorista, el Movimiento de las estrellas está girando a la derecha, como muestra el endurecimiento de su postura ante la inmigración y los refugiados. En esa línea se inscribe la decisión de la alcaldesa de Roma de pedir al prefecto de la región una moratoria sobre la acogida de nuevos emigrantes, desmantelar los actuales campamentos gitanos instalados en diversas zonas de la periferia o establecer medidas contra la mendicidad, especialmente la apoyada en menores.

Más en planteamientos de fondo, adoptarán una posición netamente identitaria en el actual debate parlamentario sobre reforma del código civil en materia de adquisición de la nacionalidad. El proyecto de la izquierda instaura el ius solis para los hijos de emigrantes no italianos nacidos en el territorio de la república: tendrían automáticamente la nacionalidad, frente a la actual primacía del ius sanguinis. El dilema –por lo demás clásico en casi todos los ordenamientos occidentales- llevaría al M5E a una actitud próxima a la xenofobia.

No es paradoja, pues el movimiento es demasiado postmoderno como para anclarse en planteamientos fijos, menos aún cuando están próximos otros comicios. Los principios antisistema decaen ante el riesgo de perder más votos. Pero no dejaría de ser sorprendente que tratara de incorporar a su programa principios de ley y orden, así como de fomento de la natalidad. Está por ver si lo admitirán sus bases.

El declive demográfico italiano, más grave que el español, se ha puesto de relieve estos últimos días con la publicación de las cifras de 2016 por el equivalente al Instituto Nacional de Estadística. Continúa la caída en picado de los nacimientos, que arranca de 2008. El saldo natural entre nacidos y difuntos es negativo: 142.000 habitantes menos. Hubo unos 473.000 nacimientos (12.000 menos que el año anterior), de los cuales más de 69.000 eran extranjeros: aunque disminuyen también respecto de años precedentes, su saldo es notoriamente positivo (+ 63.000). A eso se añade el incremento de la emigración de italianos: 115.000 en 2016, un 12,6% más que el año precedente: se ha triplicado en seis años.

Esta situación se debe a razones derivadas de las crisis económica y cultural, común a los países europeos. Pero no parece que las soluciones vayan a surgir del viraje impuesto por Beppe Grillo, que no fácilmente aceptarán, por otra parte, las mujeres jóvenes que le han apoyado hasta ahora. En cierto modo, el giro refleja la tesis del líder de que el movimiento 5E es post-ideológico: “no estamos aquí para decir lo que está bien y lo que está mal en todos los temas. Para nosotros es fundamental la autodeterminación, entendida como posibilidad dada a los ciudadanos de ser ciudadanos”. No lleva al país a un callejón sin salida, pero casi.

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