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Tribuna libre

La noche electoral jugando la prórroga

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Todo es confusión. Las negociaciones se ralentizan, nadie se define y los políticos exhiben su falta de pudor al cambiar, sin mover un músculo, valoraciones y hasta insultos de campaña electoral.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Con los resultados electorales pasa como con los de los partidos de fútbol que llegan a la prórroga, para ver el resultado definitivo hay que esperar tiempo y tiempo y muchos de esos resultados no llegan hasta el segundo final.

Los que se las prometen muy felices en la noche electoral no se enteran de que, las más de las veces, hay que jugar la prórroga para determinar quién ha ganado de verdad.

En esas estamos tras las elecciones. Nada es seguro, todos son cábalas, las negociaciones se ralentizan y se desarrollan en varios frentes, a la luz del sol que son los medios o en los vis a vis entre los candidatos. Pero seguimos sin resultado.

Todo es confusión, declaraciones cruzadas, amenazas, propuestas más o menos aceptables y hasta más o menos descabelladas. Unos se hacen los pudorosos, otros se declaran a tumba abierta, los de más allá hasta intentan alguna zancadilla… pero nadie acaba de definirse. Lo que ayer parecía inamovible, hoy se mueve sin control y lo que se suponía seguro, comienza a ser solamente probable.

Por si la confusión externa fuera poca, hay que contar con la baraúnda interna de los partidos cuyos resultados no han sido todo lo buenos que hubieran querido sus cuadros. Concretamente en el Partido Popular y en el Partido Socialista las aguas bajan revueltas, aunque, esta vez, los remolinos que más se vean sean los populares.

Como de costumbre, ni la ambigüedad de Mariano Rajoy y su afán por ejercer un ‘galleguismo’ absurdo, ni la situación, a todas luces, inestable de Pedro Sánchez, contribuyen en ambas formaciones a dar una cierta sensación de seguridad en lo que hacen y en lo que dicen sus dirigentes.

Menos mal que, como pasa siempre tras una campaña, los políticos nos brindan abundantes notas de humor cuando tratan de razonar, que no de justificar, el cambio de actitudes de unas formaciones que, en plena campaña, definían de una forma a los de enfrente y ahora, abiertas las negociaciones, cambian sin pudor alguno sus valoraciones y hasta sus calificativos.

Hay que esperar que no sea necesario llegar a los penaltis.

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