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Supongo que después de tantas elucubraciones convendría analizar los hechos de los autodenominados indignados. Por sus acciones y la similitud de estas con acontecimientos del inmediato pasado podríamos definir al movimiento con mucha más claridad.

Supongo que después de tantas elucubraciones convendría analizar los hechos de los autodenominados indignados. Por sus acciones y la similitud de estas con acontecimientos del inmediato pasado podríamos definir al movimiento con mucha más claridad que con los discursos interpretativos surgidos en la prensa . El nivel del “descubrimiento” de los nuevos analistas puede compararse al de los periodistas de “New York Times” que sostenían que Fidel Castro no era comunista, o a quienes pensaron que el grueso del movimiento “nunca mais” surgía de un sincero ecologismo o quienes interpretaban que el “no a la guerra” era sinceramente pacifista y no se traducía en un no a la única guerra del PP y si a las tres guerras simultáneas del PSOE.

En este contexto podríamos preguntarnos como los indignados no muestran ninguna indignación real contra el Gobierno en el poder a lo largo de toda la crisis y sin embargo concentraron sus acciones justo cuando venía un claro cambio de gobiernos en las elecciones municipales y autonómicas. En ese momento se descubrió la oposición a toda la clase política. ¿A toda? Podemos preguntarnos. Tras la acción en la jornada de reflexión que usurpaba en cierta medida el posible resultado, el siguiente paso ha sido el “boicot” a los nuevos ayuntamientos y gobiernos regionales. Evidentemente el boicot se ha traducido en una acción contra la legitimidad democrática de un gran número de ayuntamientos de centro derecha. Hasta tal punto la acción esta enmarcada en la clásica manipulación ultraiquierdista que en los lugares donde la ultraizquierda hermana de quienes manejan a los indignados ha ocupado el poder, es decir, en los ayuntamientos de “Bildu”, allí no ha habido concentraciones de “indignados” sino de los violentos “encantados” de siempre.

Para completar el cuadro casposo, o si se prefiere pulgoso, se han intentado acciones contra actos episcopales en Salamanca y Madrid, pues ya sabemos que sindicatos y políticos de izquierda no tienen nada que ver con lo que acontece y toda la culpa es del clero que, como en el XIX, reparte caramelos envenenados.

De nuevo la izquierda juega a la deslegitimación de las urnas cuando pierde y prepara la gran deslegitimación cuando la mayoría de la población que esta justamente indignada en sus casas y en las urnas apoye un gobierno alternativo. Lo que vemos es tan repetido, tan banal, tan visto que casi da vergüenza describirlo pero como el número de los necios es incontable bueno es denunciar el nuevo fraude para que no nos tomen a todos por tontos.

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