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Tribuna libre

El pacto

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En principio no parece que el pacto de los políticos españoles tenga que entusiasmar a los que mandan en Europa.

Tanto Mariano Rajoy como Pérez Rubalcaba se muestran más que satisfechos con el pacto. Se sienten orgullosos de su sentido de estado, de su capacidad de negociación y hasta de su patriotismo.

Mariano Rajoy se paseará por Europa con el acta de la sesión del Congreso de los Diputados en la que se refleja la votación del famoso pacto.

En principio no se sabe qué efecto tendrá en Europa, esa votación y ese pacto, aunque no parece que vaya a hacer mucha mella en personajes como Ángela Merkel, por poner un ejemplo. El entusiasmo que puedan tener los que manejan Europa, al ver llegar a Mariano Rajoy con el respaldo de la práctica totalidad de la Cámara española, puede ser perfectamente descriptible. Pero todo es posible y el tiempo dirá hasta qué punto les hará cambiar sus planteamientos el clamor de casi todos nuestros parlamentarios en apoyo de una tesis única en cuestiones económicas.

Porque, aun suponiendo que los europeos no se detengan más que en el pacto y no examinen la realidad de las confrontaciones constantes que se viven en nuestro mundo político, no parece probable que los pactos a nivel interno vayan a producir demasiada impresión en el exterior.

Así las cosas, hay que pensar que se trata de un pacto que sirve más bien en el orden interno y para los intereses de cada formación política e incluso de cada político en particular.

Al final hasta los más reacios han estampado su firma en el pacto y han salido en la foto.

Mariano Rajoy se sube al carro del talante negociador. Abomina del rodillo pese a su mayoría absoluta y puede jactarse de gobernar 'con todos y para todos'.

Pérez Rubalcaba, desde la oposición y en una situación no demasiado cómoda en su propio partido, también tiene a mano el carro del protagonismo. De la nada, ha tenido comparecencias en las que parecía el portavoz del Gobierno y pretende rentabilizar su talante colaborador 'por el bien de España'.

Todo esto sin contar con las peticiones de dimisión y las idas y venidas al Constitucional.

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