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¡Qué país!

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Sofismas aparte, tenemos un presidente del Gobierno y un líder de la oposición del nivel de la sociedad que los ha votado, por hiriente que resulte reconocerlo

El mundo de la publicidad ha dejado escapar a un creativo de talento incuestionable como el dema-gogo Zapatero, cuyo único mérito reconocido, además que el de tener más tragaderas que Moby-Dick, es el de la reinvención del fotomatón y la reivindicación de la patente de las ocurrencias hilarantes ad náuseam. Y el Colegio de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de España ha dejado escapar a un asociado de tronío, tal cual Rajoy, que ni siente ni padece. ¿Burócrata yo? –reaccionaba, indignado, un personaje de viñeta del genial Forges. ¡Eso no me lo repite usted duplicado y compulsado!

Al Maquiavelo de León (García Abad), que está dejando el patio ibérico más esquilmado que la Amazonia, nadie le discute ya, a estas alturas de vértigo de la broma pesada, sus habilidades goebbelianas como propagandista vendedor compulsivo de humo de tubo de escape, especializado en “prensa de trinchera” y en la dilapidación de herencias político-económicas. Y por lo que al medallista en ciclismo respecta, tampoco nadie parece poner en entredicho su pachorra de oficinista indolente de esos que conjugan con automatismo indolente el “vuelva usted mañana” que aquí le espero yo fumándome un puro con la avidez de Dani DeVito.

¡Cuánto mejor nos iría a todos, incluidos a los susodichos, si ambos se hubieran dedicado a un oficio más acorde con sus talentos, que seguro que los tienen, aunque sea preciso hacer un ejercicio superlativo de imaginación para descubrilos!... Lo mismo va a ser verdad que cada sociedad tiene una clase política, judicial, universitaria y periodística a la medida de sus reprensibles miserias. Al final va a tener razón el compungido Valdano (el mismo que desde la noche del sábado vaga errante y lloroso por las esquinas del Bernabéu en busca del Messías blanco y el Guardiola florentino), cuando dice que el fútbol y la política se asemejan tanto porque estamos más preparados para pensar con los pies que con la cabeza.

Alguien tendría que aconsejar a José Luis que lo más sensato que podría hacer, en lugar de barajar la descabellada posibilidad de un tercer mandato (al final nos va a obligar al auto-exilio), es montar una empresa de marketing (eso sí, por lo legal), aprovechando el “IVA del fontanero” y el nicho de mercado que ha quedado vacante tras el Gürtelato. Y otro menda dispuesto a poner el cascabel al gato tendría que convencer a Mariano para que a no más tardar se preparase las oposiciones a presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra o a Comisario del Xacobeo.

Cualquier salida honrosa con tal de que se quiten de en medio sin acritud, pues estando la cosa tan calamitosa, uno y otro debieran dejar paso a otros “mamuts” con el colmillo retorcido, dispuestos a tener lo que hay que tener (mucha cabeza y un par), para tratar de sacar a España del atolladero, llámense Javier Solana (el de OTAN hoy no, pero mañana sí), o Rodrigo Rato, el banquero circunstancial que no va a cejar en su empeño hasta que vea colmada su insaciable ambición terrenal como cabeza de cartel de la bancada pepera o de la sociata, que todo es cuestión de hablarlo.

La tenacidad es una virtud que dice bien de las personas perseverantes; pero la obcecación delirante es un defecto propio de los necios. Y cuando un administrador público incauto es consciente de sus limitaciones pero se niega a reconocer la evidencia, al final pasa lo que pasa: que pagan justos por pecadores, y esta España de la resignación se va a la mierda.

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