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Tribuna libre

El paleto

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Obama ha dado un paso al frente contra la libertad de opinión en el país de la libertad de prensa. Pagará su error si no rectifica. Al contrario que en España.

Paradojas te da la vida. Barak Obama, Nobel de la Paz, le ha declarado la guerra a un grupo de comunicación. Que tiemblen en Fox News. Un pacifista en guerra es mucho más peligroso que cualquier belicista. Uno puede protegerse de los embistes de un belicista situando los brazos en posición de defensa. Como te esperas el golpe, lo paras sin dificultad. Pero es casi imposible librarse del puñetazo de un pacifista. Te muestra su mejor lado. Te sonríe. Te confías. Te tararea una de Bob Marley. Te distrae. ¡Paz, paz! Y bajas la guardia. Pero de pronto, te das la vuelta y te atiza a traición. ¡Paf, paf! Y caes muerto. Y él vuelve a sonreír, a su paz y a su Bob Marley.

Obama y sus hombres han declarado públicamente la guerra a la cadena Fox News. Al parecer, los programas de Sean Hannity y Glenn Beck le resultan demasiado incómodos al Presidente de los Estados Unidos. Acostumbrado a la coral de aduladores en los medios de una parte de su país y en los de casi toda Europa, Obama cada vez lleva peor las críticas. Y ha estallado. “La Casa Blanca contra la Fox”, titulan los periódicos de todo el mundo. Y en la Fox se están frotando las manos. Pocas campañas publicitarias benefician tanto y salen tan baratas.

Los políticos que se enfrentan a la prensa que no se rinde a sus pies demuestran muy poca clase y preparación. Poco futuro. Un político que pierde la calma y se lanza a por un periódico o una radio, por el mero hecho de que no son de su cuerda, es un político de gatillo fácil. Un político inmaduro e impulsivo. Muchas veces es en realidad un cobarde. A veces, un fanfarrón. Y casi siempre, un paleto. El paleto, cuando resulta elegido como alcalde o como presidente, se sorprende de la calidad de la piel del sillón oficial de su nuevo despacho. El primer día que acude a trabajar, contempla boquiabierto y fascinado a la nube de asesores que le rodean y arropan. Y saca fotos al coche oficial y al servicio a la hora del almuerzo. A veces, incluso, el paleto pide autógrafos a las cocineras. Al día siguiente, perdida toda la inocencia, el paleto hincha el pecho y se siente el amo. El rey. Y entonces decide, desde su tribuna, aprovechar su poder para resolver viejas rencillas, o para hacer que todo lo que sucede en su pueblo o su país contribuya única y exclusivamente a abrillantar su efigie. Y cuando algo se cruza en su camino, pronuncia la frase preferida de cualquier paleto: “Ustedes no saben quién soy yo”. Y en efecto, no lo sabíamos. Hasta ahora.

En España es muy frecuente la figura del paleto entre los políticos. Una amplia mayoría de ellos sueñan con una España en la que la prensa lleve correa –gürtel-, babee y recoja el palito cuando sus señorías lo lanzan al infinito. De ahí las presiones y las medallas. Las presiones, a la prensa crítica. Las medallas se las dan a los aduladores en forma de subvenciones, filtraciones interesadas y regalitos varios. Y, siempre, con el aliento en el cogote de cualquier periodista que actúe de forma independiente. Nada más temido en nuestro país. Los periodistas independientes están mucho más perseguidos que aquellos que se entregan al activismo.

Obama ha dado un paso al frente contra la libertad de opinión en el país de la libertad de prensa. Pagará su error si no rectifica. Al contrario que en España. Aquí es muy frecuente que los gobernantes digan a los periodistas lo que pueden o no pueden decir. Como te descuides, al poco de publicar un reportaje de investigación o una columna afilada en cualquier periódico, te ves en un juicio, acusado de cualquier cosa por un alcalde, una vicepresidenta, o cualquier otro pez gordo con cargo político. El juez, el mandamás y tú. Tú, con todas las perder. Y la próxima vez, claro, te lo piensas antes de investigar o de opinar.

Aquí, con tanto pacifista de gatillo fácil, muy pocos se atreven a sacar los pies del tiesto como hace la Fox en Estados Unidos. Por eso los amantes de la libertad de prensa celebramos hoy el nacimiento –renacimiento- de La Gaceta. Eso sí es sacar los pies del tiesto. En su día, celebré la llegada de Público, porque servía para abrir un poco –por fin- el espectro mediático de la izquierda. Hoy festejo la llegada de este nuevo periódico de Intereconomía. Dicen que defenderán ciertos valores tradicionales y que apostarán por el periodismo a la vieja usanza. Por la investigación y las exclusivas. Falta hace. Sean bienvenidos. Y tengan cuidado con los paletos.

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