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Tribuna libre

“El paro hiere nuestra dignidad”

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Las grandes tasas de desempleo no son sólo consecuencia de variables internacionales, sino que son también fruto de las inadecuadas políticas de los gobernantes, agravadas encima en nuestro país por una burda inacción.

Ya lleva el Príncipe Felipe 20 años haciendo de anfitrión de los premios Príncipe de Asturias. He leído con detenimiento su reciente discurso y considero que tiene algo muy especial y positivo. Sus palabras del pasado viernes en el teatro Campoamor de Oviedo han sido sobre todo realistas y esperanzadoras, hablan de lo cotidiano, de lo básico para todos.

 

Fijémonos, por ejemplo, en una de las acertadas frases del futuro sucesor de nuestro Rey Juan Carlos: “El paro hiere nuestra dignidad como seres humanos”. Pero, además, como toda España sabe, cabe decir aquí que las grandes tasas de desempleo no son sólo consecuencia de variablesinternacionales, sino que son también fruto de las inadecuadas políticas de los gobernantes, agravadas encima en nuestro país por una burda inacción.

El discurso de Oviedo suele ser el más importante de todos los que pronuncia D. Felipe a lo largo del año, es por eso que aún tienen más importancia sus palabras. Incluso, una inmensa mayoría de ciudadanos podría ampliar la citada frase diciendo que el sectarismo y la ineficacia de este gobierno hieren nuestra dignidad como seres humanos.

No crean que exagero. No hay más que preguntar en la calle. Sí, sí, a pie de calle, no al calor afín del chiringuito sindical, partidista o mediático. Saber la realidad no nos ha de escandalizar y es algo imprescindible para poner remedio seguro a la confusión y a la falta de seguridad que se respira en el ambiente.

Creo que es el momento de un gran esfuerzo por parte de todos. Primero de los medios de comunicación, que han de luchar de verdad por decir las cosas claras. Después, es evidente que los ciudadanos han de ser respetados y tenidos en cuenta y no han de pagar los “platos rotos” de imprevisiones, ineptitudes y despilfarros.

Urge crear más oportunidades de superación y progreso, con esfuerzo por parte de todos. Es un clamor que la educación de calidad y la familia han de ser más valoradas, como clave que son para cualquier buen desarrollo sostenible.

Por otra parte, es un escándalo esta subida de impuestos que no va acompañada de una estricta contención del gasto público, a todas luces desmesurado y en muchas ocasiones superfluo.

De cualquier político es justo esperar soluciones realistas y que vayan a la raíz de los problemas, aunque en un principio esas medidas tengan mala prensa. Pero, ¿quién va a ayudarnos a erradicar el hedonismo individualista, que nos ata a la adoración del propio ombligo?, ¿quién nos unirá a todos los ciudadanos de este país, motivando la confianza y el respeto por nuestros derechos y deberes?, ¿quién va a parar el derroche de los dineros públicos, utilizados en premiar a amiguetes sumisos o para pagar los diversos circos mediáticos con que nos regalan a diario?

Veo políticos risueños que no saben por qué. Veo gentes apurando con avidez los últimos sorbos de la abundancia material. Incluso destacan ciudadanos, otrora sensatos, que aplauden a quien grita más en televisión en vez de valorar si defienden lo que es justo. Asimismo, conocemos todos demasiadas personas –algunas siempre hubo- que sólo buscan a alguien que les pague más, a cambio de un menor esfuerzo.

No obstante, amigos, esto tiene arreglo, es posible relanzar nuestro país. Pero para eso es claro que hace falta un cambio, primero en cada uno de nosotros. Cambio que, como dice el Príncipe Felipe, “haga posible que los ciudadanos puedan desarrollar sus vidas y las de sus familias con dignidad, seguridad, y confianza en el futuro”.

Pues eso, ¡a arremangarse tocan!

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