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La película de Artur Mas

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Nadie cree a Artur Mas. Es cuestión de prestigio y credibilidad, y el prestigio y la credibilidad del presidente de la Generalitat, hace tiempo que deben de tener residencia en Andorra.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Dice Artur Mas que ‘a estas alturas de la película’ no cree en casualidades. Aquí la única película -más bien de ciencia-ficción- es la que se viene montando el propio Mas desde hace unos cuantos años. Una película que, como se comprobó en su comparecencia  en  el parlamento de Cataluña, tiene más trampas que una de chinos.

Porque Artur Mas, en sí mismo considerado, es una pura trampa. Miente más que habla y tergiversa las realidades más palmarias. Iba  a  explicar  y no explicó nada; iba a aclarar y no aclaró nada; iba a informar y no informó de nada. Y como todos estamos al cabo de la calle de sus trucos, de sus mentiras y de sus tergiversaciones la intervención no pudo ser más ridícula

El argumento de las elecciones plebiscitarias, lo de los escaños del sí y los escañaos del no, el maltrato del Gobierno de España etc. etc, ya nos lo sabíamos de memoria.  Y lo del tres por ciento también, porque ‘a estas alturas de la película’ no hay nadie que pase por el aro de las persecuciones a Convergencia,  ni  por el del abuelo Pujol, ni por lo de la Guardia Civil, ni por lo del Ministerio del Interior. Nadie cree a Mas, por más que Mas se esfuerce. Es cuestión de prestigio y el prestigio de Mas hace tiempo que debe de tener residencia en Andorra.

Y como en toda película que se precie también hay coprotagonistas y hasta actores invitados. Pero coprotagonistas y actores invitados, o tienen un gran papel en el guión, o a lo más que llegan es a hacer un ‘papelón’ y eso es, precisamente, lo que hicieron Oriol Junqueras y Miquel Iceta, uno sin intervenir y el otro interviniendo.

Se puede hablar de todo lo que se quiera. Desde el electoralismo, hasta la inquina contra Cataluña. Todo vale, pero lo que de verdad interesa es si hay o no hay tres por ciento.

Y mucho tiene que cambiar el final de la película, para que no aparezca en pantalla algún que otro mordisco a los presupuestos de obras y otras parafernalias municipales.

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