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Tribuna libre

El populismo y los extremismos avanzan en Europa

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Hasta ahora hemos visto ese fenómeno con relativa frialdad, porque la transición española tuvo la gran virtud de aunar a la inmensa mayoría de los ciudadanos en objetivos comunes, y marginalizó de hecho a extremistas de derecha e izquierda.

Nunca, salvo error por mi parte, tuvieron representación en las Cortes Españolas.

Esta apacible situación podría cambiar –aunque no es fácil‑, como consecuencia del progresivo descrédito de los grandes partidos: imponen recortes y piden austeridad, cierran empresas, aumenta el paro…, mientras los escándalos por corrupción ocupan espacio preferente en las portadas de la prensa o en los mensajes de las Redes. El fenómeno de los “indignados”, de difícil valoración, se inscribe en una línea fronteriza con los movimientos antisistema o altermundiales.

Como escribe el 10 de febrero el editorialista de La Vanguardia, “la indignación de la ciudadanía convierte el tema de la corrupción en la oportunidad única de los salvapatrias y los populistas. Nuestra democracia podría entrar en zona de riesgo si la corrupción se aliase con la demagogia. Nos referimos a la demagogia política, pero también a la demagogia mediática. Es preciso, por lo tanto, afinar el diagnóstico y las soluciones para evitar que al mal de la corrupción tengamos que añadir el mal del populismo”.

En el propio diario catalán se publicaba hace unos meses una crónica de su corresponsal en Berlín: daba noticia de un estudio que insistía en el avance de la mentalidad ultra en la clase media de Alemania. Lo detectaba un “barómetro sobre las concepciones antidemocráticas de la población alemana”, investigación promovida por la Fundación Friedrich Ebert, próxima al Partido Socialdemócrata. Curiosamente, la mentalidad de extrema derecha, más arraigada en los länder de la antigua República popular (16%) aumenta en general y, en concreto, arraiga en la juventud (entre 14 y 30 años). Allí, son ingredientes esenciales de esa actitud la xenofobia, el antisemitismo, la crítica del Islam o, en fin, la trivialización del nazismo.

En ese contexto, se comprende la inquietud del diario Le Monde (6-2-2013) ante la trivialización del Frente Nacional: más de un tercio de los franceses se adhieren a sus ideas. Así lo reflejaría un “barómetro de imagen” del FN realizado a finales de enero por TNS Sofres para France Info, Le Monde y Canal Plus. Ese barómetro se viene haciendo con periodicidad anual desde 1983.

Quizá el dato más llamativo es que el 47% de los encuestados estima que el FN "no representa un peligro para la democracia" (8 puntos más que en 2012; 6 menos los que piensan lo contrario). De hecho, hoy por hoy, es el tercer partido de Francia (32% de adhesión a sus ideas). Y muchos no han olvidado el “efecto Le Pen”: Jean-Marie Le Pen, entonces presidente de FN, superó en la primera vuelta de las presidenciales de 2002 al candidato socialista Lionel Jospin, aunque sería arrasado luego por Jacques Chirac.

La actual líder del FN, Marine Le Pen, ha atemperado posturas, y sigue siendo comprendida como “una derecha patriótica comprometida con los valores tradicionales" (44% de encuestados, contra 41% el año anterior) y menos como una "extrema derecha nacionalista y xenófoba" (43%, frente al 45% en 2012). Sus apoyos proceden de ciudadanos sin apenas títulos académicos, de obreros (42%) y empleados (34%); más en zonas rurales (41%), que urbanas (36%) y suburbanas (38%). Al contrario, la mayoría de quienes rechazan a FN son graduados universitarios (79%), especialmente en las grandes ciudades, así como ejecutivos de empresas y profesionales intelectuales (85%).

Una evolución semejante se está produciendo en otros países europeos: en Grecia, en parte como consecuencia de la grave situación económica, progresan los pronazis de “Amanecer dorado”; en Hungría, Jobbik ("Los mejores"), consiguieron en 2009 tres eurodiputados y, en las elecciones generales de abril de 2010, pasaron a ser la tercera fuerza en el Parlamento en Budapest. De hecho, algunas decisiones más radicales del primer ministro Viktor Orban (Fidesz) intentan desactivar a los extremistas.

Pienso que la suma de partitocracia e individualismo rampante que domina en España impedirá el avance de organizaciones extremistas residuales. Pero no está de más observar fenómenos próximos que podrían influir como por ósmosis, especialmente tras las próximas elecciones generales de Italia: está ver si Berlusconi supera su descrédito y el populismo del "Movimiento 5 Estrellas", del cómico Beppe Grillo, alcanza base política.

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