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Tribuna libre

La prensa del ‘Movimiento Nacional’ de Cataluña

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Transcurridos treinta y cuatro años desde la muerte de Franco y del Movimiento Nacional que él encarnaba, nadie contaba con que se pudieran reeditar actitudes y comportamientos sólo pensables en la dictadura.

Transcurridos treinta y cuatro años desde la muerte de Franco y del Movimiento Nacional que él encarnaba, nadie contaba con que se pudieran reeditar actitudes y comportamientos sólo pensables en la dictadura. Y mucho menos que eso proviniese de una parte de España (con perdón) como es Cataluña en la que, al menos durante la agonía del anterior régimen, hubo una fuerte oposición al franquismo. Pero ya se ve que todo es posible en el actual “oasis” catalán donde la connivencia de dos castas, la política y la mediática, supera todos los mínimos de calidad aconsejables en una democracia.

El hecho de que los doce periódicos que se editan en Cataluña se pusieran de acuerdo para publicar al unísono un editorial absolutamente desmesurado ya desde el propio título, “La dignidad de Catalunya”, recuerda mucho a esa prensa adicta al régimen de Franco, donde eran frecuentes este tipo de comportamientos: editoriales de inserción obligatoria escritos en el despacho del Secretario General del Movimiento; censura previa; parentescos y connivencias entre esos periódicos y los popes del franquismo.

Porque habrá que subrayar que nunca antes, desde la transición política, se había producido una situación semejante. Y habrá que convenir, con permiso de la casta política y mediática catalana, que el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981 fue un hecho mucho más grave, que puso más en peligro nuestro sistema democrático que la esperada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Incluso también fueron mucho mas graves los pulsos y chantajes planteados en algunos momentos por los terroristas de ETA a todo el Estado, como cuando secuestró y asesinó a cámara lenta al joven concejal del PP, Miguel Ángel Blanco. En ninguna de esas dos ocasiones, la prensa “de Madrid” se puso de acuerdo para publicar editoriales conjuntos.

Pero es evidente que los propietarios, los editores y los directores de los doce periódicos catalanes no deben de pensar lo mismo. Para ellos, en una mirada infinita e ilimitada a su por otra parte limitado y pequeño ombligo, mucho más grave, más preocupante que un intento de golpe de Estado o un desafío terrorista es una posible sentencia del TC que recortase algunos de los aspectos más polémicos de actual texto estatutario, como pueden ser la supresión del término “nación”, los derechos lingüísticos o la articulación del poder judicial de Cataluña.

Como periodista me produce un profundo rechazo la falta de independencia del poder político que supone este editorial conjunto de la prensa catalana. Me produce un enorme rechazo la infumable connivencia entre la prensa y la casta política gobernante. Pero es que además, en su desparpajo y falta de pudor, no se han cuidado ni las formas, porque según ha trascendido, al parecer el editorial fue elaborado por el director de El Periódico de Barcelona, Rafael Nadal en connivencia con su hermano, Joaquín Nadal, que ¡oh casualidad! es actualmente consejero de la Generalitat. O algunos ministros del Gobierno de Zapatero conocieron el día anterior a publicarse el editorial de marras. ¿Quién se lo pasó? Lo dicho, igual que en tiempos de Franco.

En una democracia, el papel de los medios de comunicación consiste en ser un contrapoder de los que mandan, ser críticos con ellos, pero en ningún caso ser sus titiriteros. Con su editorial conjunto, los doce periódicos han dado una muestra clara y evidente de sumisión al poder, bien porque coinciden ideológicamente con él, bien porque necesitan de su beneplácito y de sus ayudas económicas para seguir saliendo a la calle todos los días.

En el citado editorial, plagado de falsedades e interpretaciones erróneas, se dice en un momento determinado que “hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad”.

No sé si los “doce del patíbulo” catalán están en condiciones de aceptar algún añadido a su texto, pero por si esto fuera posible, les sugeriría el siguiente párrafo: “muchos españoles también estamos hartos. Estamos profundamente hartos de la insolidaridad, el desprecio, la falta de educación y la cutrez que la casta política catalana, no confundir con la sociedad catalana, ha venido demostrando en los últimos tiempos hacia el resto de España, creando barreras y divisiones que nunca antes habían existido. Y esto tiene nombres y apellidos que están en la mente de todos, siendo el mayor responsable de lo que está pasando alguien que no es catalán ni vive en Cataluña. Nació en Valladolid y actualmente es inquilino del Palacio de la Moncloa”. Me gustaría ver reproducido este párrafo en el siguiente editorial “uniformado” de la prensa catalana, aunque para ello tenga que superar la “censura previa”.

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