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Tribuna libre

Los presupuestos comienzan a andar entre ninguneos y alegatos feministas, tirando a rancio y oliendo a ‘jalogüín’

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La vicepresidenta Salgado podría decir muy bien aquello de ‘hay presupuestos en los que no está una pa ná’.

Pocas veces en la historia de nuestra democracia parlamentaria se ha podido contemplar un esperpento mayor que el protagonizado por Elena Salgado la jornada en la que presentó los presupuestos de 2010 en la Carrera de San Jerónimo. Literalmente fue de vergüenza ajena. Pero su actuación, nefasta a más no poder, no ha sido nada comparada con las alegaciones posteriores de la propia señora Salgado y de su conmilitona Leire Pajín. No es de extrañar que María Dolores de Cospedal haya dicho, esta vez con más razón que una santa, que se siente ofendida por los razonamientos feministas con olor a naftalina de la  vicepresidenta y de la jefa del PSOE.

Pero en cualquier caso los problemas de los españoles en materia económica y presupuestaria no van por el camino del machismo, del feminismo ni del ninguneo por ser mujer o por ser lo que se sea. Los problemas vienen en la doble dirección de lo impresentables que son los presupuestos y el poco fuste de quien, ninguneos aparte, se supone que es la responsable del desaguisado de las cuentas públicas. Y así nos va, que Europa nos va a sacar los colores, pero a base de bofetadas en ambos carrillos y, como diría un castizo, vamos a llegar ‘calientes’ a la presidencia de la Comunidad.

El diputado Ridao, en su diatriba contra los presupuestos y contra la vicepresidenta, llegó a decir que en una empresa privada estaría de ‘patitas en la calle’. Decir eso en el Congreso en el que se reúnen los políticos españoles es como nombrar la bicha. Ya me dirán ustedes con la categoría que se gastan los padres de la Patria, cuántos de ellos resistirían la prueba del algodón de la empresa privada, y más en los tiempos que corren. Algunos, muchos algunos, estarían de patitas y de cuerpo entero en la calle. Seguro.

Y es que además de ponerse en la calle unos a otros, se ningunean. Porque lo que ha llamado la atención es el supuesto ninguneo de Mariano Rajoy a Elena Salgado cuando señaló directamente al presidente Rodríguez Zapatero, pero es que, por ejemplo, Gaspar Llamazares, ‘el único’, también se sentirá ninguneado -y en pleno ‘jalogüín’- por Zapatero, que ha preferido a los de la derecha peneuvista y va a aprobar las cuentas sin la izquierda. Cárguese usted el Valle de los Caídos para esto.

Lo del PNV con los presupuestos tiene su aquel. No les gustan y los critican, pero tiran para adelante, vaya usted a saber por qué, y apoyan al partido que les ha quitado Ajuria Enea. Cosas.

Y qué decir del PSOE que se apoya en el partido que se manifiesta a favor de Batasuna o sucedáneos para poder sacar adelante la ley más importante y trascendental de cualquier legislatura. Más cosas.

Lo de las manifestaciones también tiene su gracia. Por ejemplo, eso de que el ministro de Justicia se manifieste por las calles, se supone que escolta incluida no se sabe si a título personal –él, no la escolta- o como miembro del Ejecutivo, no deja de ser divertido. Pero aún así también tiene su parte de controversia. Por ejemplo, si un ministro va a una manifestación, ¿los escoltas se contabilizan o no se contabilizan como manifestantes? Y eso es algo serio e importante a juzgar por las cifras dadas por unos y otros en la manifestación a favor de la vida por las calles de Madrid. Claro, que como no hubo ningún ministro, ni siquiera el de Justicia, pues no hay problema.

Todo es muy rarito. Y no deja de tener su gracia que los abogados, en corporación, bajo mazas y por unanimidad, se querellen contra un juez que dice que las escuchas de abogados y clientes cumplen la más estricta legalidad.

Y es que aquí la legalidad está por encima de todo. Por ejemplo el cumplimiento de la legalidad vigente en materia de nombramientos en Caja Madrid que, como todo el mundo sabe, no tienen nada de políticos y además Rajoy no interviene, Esperanza Aguirre no tiene candidato y Ruíz Gallardón y la misma Aguirre no tienen la menor discrepancia y siguen a partir un piñón. Todo sea por la legalidad.

Y legal será que el Consejo Escolar de Cataluña se dedique a cambiar los nombres de las vacaciones de Navidad y Semana Santa, que eso sí que -además de legal- es importante y va a transformar de un plumazo el fracaso escolar en éxito sin precedentes de nuestros estudiantes en la lengua de Cambó.

Y legal es lo del ‘piratín de ración’ -que dice mi admirado Carlos Herrera- que desde que llegó de Somalia –o alrededores- se nos está haciendo un hombre y convirtiéndose en un mocetón, y el juez Pedraz ya no sabe si – a la vista de que sigue cumpliendo años de manera desaforada- mandarlo al Inserso o que lo fiche el Milán para el encuentro de vuelta con el impresionante –de impresión- equipo de Pellegrini.

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