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¿Quién será el primer presidente de Europa?

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Suenan muchos nombres pero lo que está claro es que el presidente no será un español

¿Quién será el primer presidente de Europa? Los liderazgos nacionales –Sarkozy, Merkel, Berlusconi- difícilmente van a aceptar un liderazgo carismático e hiperactivo en la Unión Europea. Lo más previsible es que se opte por alguien con el perfil de Durao Barroso, es decir, tendente al gris y a dar pocos problemas. De momento, lo que hay que hacer es esperar a que se ratifique este otoño el Tratado de Lisboa, y ese es extremo no seguro. Suecia tomaría las primeras medidas y a España, en 2010, le quedaría la parte del león: entre otras cosas, la provisión de los puestos de presidente y ministro de Exteriores, para que al fin haya quien en Europa coja el teléfono.

Al optar por un socialista, se vería compensada la Comisión conservadora de Barroso. Felipe González ya se ha excluido. Se llegó a afirmar que quizá temiera revelaciones de sus manejos con Slim. Otros dicen que, precisamente por excluirse, desea el puesto más que nunca. Sarkozy lo ha impulsado precisamente por no ser tan relevante. Solana es, desde hace tiempo, enemigo del Ejecutivo español: concretamente, los puentes están volados entre él y Zapatero. España, además, está teniendo algo peor que mala suerte en cuanto a nombramientos internacionales –recuérdese la ruina de la mimadísima candidatura de Elena Salgado a la OMS.

El ministro sueco Carl Bildt es conservador y quizá tiene demasiada voluntad política. También en la liga de lo inofensivo nórdico, y con experiencia, está el antiguo primer ministro finés, Paavo Lipponen, socialdemócrata pero hombre de moderación. Una sorpresa sería la candidatura del primer ministro de Francia, François Fillon, con una relación envenenada con Sarkozy por la popularidad del primer ministro, a quien el presidente daría con gusto una patada hacia arriba institucional. Benita Ferrero-Waldner, comisaria y ex ministra austriaca, hace las maletas para ir a la UNESCO. Guy Verhofstadt, belga y hombre de perfil conciliador, tendría la ventaja de ser de un país fundador y de paso afirmaría la continuidad de Bélgica como hasta ahora la conocemos. Le aventaja un primer ministro en ejercicio, Balkenende, que al parecer cuenta con el apoyo del PPE y con no mucho desagrado entre los socialistas.

Para el puesto de presidente de Europa, los países pequeños tienen un extra de ‘chic’: Mário Soares está muy mayor pero es curioso que no haya sonado Jorge Sampaio, perdido ahora en la Alianza de Civilizaciones. Sí ha sonado, por Irlanda, Mary Robinson, mujer, laborista y con experiencia internacional, en tanto que la corrupción ha apartado a un candidato idóneo, Bertie Ahern. De momento, el único en postularse ha sido Tony Blair, que ni se encuentra a sí mismo ni se entera de nada en Oriente Medio. En su contra está la foto de Irak como teórica traición a la causa o el hecho de ser de un país que ni siquiera está en la zona Euro. A su favor tiene que Gordon Brown estaría encantado de colocarlo en una hornacina allá en Bruselas. Como es natural, Blair gusta menos entre los socialistas que entre los conservadores. Para la Unión es bueno que sea del Reino Unido pero hace mucho que atrae poco en Reino Unido y quizá como remedio del euroescepticismo no sea óptimo.

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