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Los problemas de los españoles

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La corrupción de nuestra vida pública no es solamente la corrupción cuantificable en euros.

Nueva encuesta del CIS aunque no nos diga, como de costumbre, nada nuevo. Hacer una encuesta para enterarnos de que lo que más preocupa a los ciudadanos es el paro y que el desasosiego por la corrupción y el fraude crece a pasos agigantados, es como una especie de broma.

Es evidente que la preocupación de los españoles no pasa por la carne de caballo sino por la carne de cañón en la que se están convirtiendo los más de cinco millones de parados, y por el fraude y la corrupción nuestros de cada día.

Es bueno que no nos acostumbremos. La reiteración produce acostumbramiento y rutina y, en algún momento, la ciudadanía tiene que reaccionar frente a la lacra de la corrupción. Si la preocupación que señala la encuesta del CIS no fuera en aumento, en los asuntos turbios de la vida pública, sí que habría que preocuparse porque estaríamos ante unos ciudadanos moribundos.

Lo que sí preocupa es esa especie de resignación con la que se leen las noticias. Da lo mismo que sean las querellas del Partido Popular contra su antiguo tesorero –querellas que por cierto han tardado más, en llevarse a efecto, que la obra de El Escorial-, o las querellas del antiguo tesorero contra sus antiguos jefes –que ya suenan a 'choteo'-, o la deuda de la Izquierda Unida de Cayo Lara con el fisco, o la vuelta al mundo de los vivos de Carmen Chacón, o la despedida fulminante de un fiscal en Cataluña.

La corrupción de nuestra vida pública no es solamente corrupción cuantificable en euros. La corrupción y el fraude son cuantificables en confianza en las instituciones, en la falta de empuje en nuestros políticos, en la pasividad en el poder judicial, en el poco impulso que se atisba en el Gobierno y en el 'desnortamiento' en la oposición. Hay materia para la preocupación por algo más que los millones de euros que algunos 'distraen' de los bolsillos públicos.

Convendría que los ciudadanos fueran tomando nota de que hay otros tipos de corrupciones que, en según qué asuntos, y en según qué materias, pueden ser incluso más graves aunque sean menos llamativas.

Las corrupciones en euros parece como que pusieran sordina a las otras. Y ya no nos acordamos del problema, que lo hay, en el País Vasco, o de los disparates del Gobierno de Cataluña, o de la marcha de los asuntos en Andalucía.

Y son precisamente quienes nos gobiernan y quienes, en una u otra situación, están en la cosa pública los que tienen la obligación de atender a todos los frentes.

Claro que muchos políticos pueden decir aquello de: 'con lo mío ya tengo bastante'.

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