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Contra los recortes… no depender del Estado

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Miles de personas protestan estos días porque el Estado no les da dinero, un dinero que, previamente, ¡el Estado les había quitado a ellos!

Miles de personas protestan estos días porque el Estado no les da dinero, un dinero que, previamente, ¡el Estado les había quitado a ellos! Miles de personas protestan porque la Administración Pública no les garantiza una sanidad de calidad, una educación de calidad, lentejas en el puchero. Miles de personas protestan y ninguno se pregunta si ellos, personalmente, no habrían podido administrar mejor el dinero que el Estado les ha sustraído a través de impuestos, tasas y precios públicos y si entonces no tendrían suficiente para pagarse sanidad, educación y lentejas, de su propio bolsillo.

Me asombra, por ello, que no se le saque más punta a una de las consecuencias más obvias de los recortes: si nos afectan tanto, es porque hemos sido tan dependientes del Estado que, cuando el Estado ha decidido no seguir alimentándonos, vistiéndonos, pagándonos nuestros estudios, etc, nos hemos visto de patitas en la calle, nunca mejor dicho.

Si alguien necesita ayuda, debemos ayudarle, pero debería existir una jerarquía entre las fuentes de ayuda. Primero, el individuo necesitado debe ayudarse a sí mismo, luego, debe pedir ayuda a su familia, si ésta no puede o no quiere ayudarle, deben ser los ciudadanos como él los que le presten auxilio a través de asociaciones, ONGs, grupos religiosos, etc y sólo entonces debería intervenir el Estado, porque para eso le hemos dado esa misión: proteger a los más débiles.

Puedo entender el Estado de Bienestar, pero sólo de una manera: como un modo de ser más eficiente que los familias y asociaciones ciudadanas a la hora de cubrir las necesidades del individuo, que éste no pueda cubrir por sí mismo. Lo que vaya más allá es ir camino a la servidumbre, camino a la esclavitud del poder político, renunciar a nuestras aspiraciones y responsabilidades.

Algunos se hacen la ilusión de que es mejor cuantas más tareas y obligaciones tenga el Estado en la vida de los ciudadanos, ya que los ciudadanos controlan el Estado. ¡Infelices! ¿Qué poder de control tiene un ciudadano individual sobre los poderes públicos? Ninguno. ¿Qué poder tiene el conjunto de la ciudadanía sobre el conjunto de los poderes públicos? Muy poco. A lo sumo se nos permite votar por un partido, por unas siglas o por un líder que representa esas siglas. Los representantes electos, los que verdaderamente elegimos, aun sin saber su nombre o conocer su cara, son corderitos que votan lo que sus jefes les dicen que voten: en el Parlamento, en los Parlamentos regionales y en los Ayuntamientos.

¡Que no, que no, que no nos representan!, grita el 15M, y tienen razón, pero el 15M no se da cuenta, no quiere darse cuenta de que la verdadera independencia es la independencia económica. No haría falta “asaltar el Congreso” si el Congreso no controlara nuestros bolsillos, nuestras cestas de la compra, nuestras vidas.

La gente cree que tiene libertad porque ahora pueden besarse sin peligro debajo de las farolas, fumar cannabis sin ir a la cárcel, abortar sin que les llamen asesinos pero, ¿dónde está la verdadera libertad? La libertad para cuidar de ti, de tu familia, de abrir una panadería, si eres buen panadero, sin que el éxito de tu negocio dependa de que a cuatro o cinco tipos de Madrid se les ocurra asfixiarte con permisos, licencias, tasas e impuestos.

En el pasado, ser hombre libre iba asociado a tener un trozo de tierra, a tener un caballo, a tener aperos de labranza con los que trabajar. Ahora ser libre equivale a tener “derechos sociales”, ¡derechos sociales!, ¿por qué pones tu esperanza en que el Estado te dé algo que podrías conseguir tú mismo? ¿En tan poco te estimas?

Estado del Bienestar: sí. Estado sin ciudadanía libre: no.

Nicolás Zambrana Tévar

Universidad de Navarra

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