Martes 21/11/2017. Actualizado 08:48h

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Tribuna libre

Ha rectificado

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El presidente se ha dado cuenta de que la gente está profundamente frustrada por la marcha de la economía.

Ha comprobado que su política no va por el buen camino y ha rectificado. Dice que está obligado a pactar con sus conciudadanos y que ha aprendido la lección.

Si rectificar es de sabios, en el caso de un gobernante lo es doblemente, por cuanto de él dependen millones de personas y su bienestar, es decir, el bienestar común. Si rectifica aún está a tiempo de hacer las cosas mejor.

Reconoce paladinamente que no ha conseguido el progreso deseado y que está dispuesto a hacerlo mejor. No le importa admitir públicamente que se ha equivocado y eso le honra como hombre y como dirigente político. Se ha dado cuenta de que la gente está profundamente frustrada por la marcha de la economía y que debe de enterrar las batallas legislativas de los últimos años para buscar el mayor consenso que sea posible con otras fuerzas y partidos políticos.

‘He aprendido la lección y voy a trabajar por el consenso’. Incluso alude a un recorte en el gasto público A partir de ahora vamos a contemplar un nuevo talante incluso una manera distinta de presentarse ante los ciudadanos y de mostrar sus cartas y sus proyectos.

Que nadie se haga ilusiones. Todo lo anterior se refiere al presidente de los Estados Unidos Barak Obama que, tras el varapalo electoral que le han proporcionado sus compatriotas, ha agachado la cabeza, ha admitido sus errores y se dispone a inaugurar una nueva etapa en los dos años que le restan de mandato. Lo ha hecho obligado, pero lo ha hecho -y ahí está su mayor mérito- sin tratar de ocultar realidades, sin mentiras, sin cortinas de humo y sin subterfugios.

Ni la política española es la norteamericana, ni los sistemas tienen nada que ver, ni las elecciones que ha habido en los Estados Unidos tienen el más mínimo parecido con ninguno de los comicios que se celebran aquí, pero lo que sí debería servir de ejemplo a José Luís Rodríguez Zapatero es la actitud de un político que afronta la realidad, encara su fracaso electoral, admite sus errores y no carga las culpas propias en responsabilidades ajenas.

Admite Obama que la situación económica tiene mucho que ver con el desencanto de sus compatriotas, pero la culpa de cómo se gestiona esa crisis la admite para sí mismo y no la deposita en ningunas espaldas más que en las suyas.

Estamos muy lejos de un país en el que una mentira, si llega a descubrirse, le cuesta la carrera a un político y estamos mucho más lejos de una clase dirigente que, con sus enormes defectos, tiene al menos la virtud de encarar los problemas.

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