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Tribuna libre

El respeto a las tradiciones

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Tradiciones absurdas aparte, no sabemos ni por qué ni para qué ha ido Rajoy a Marruecos. Y si no, que le pregunten a Ceuta y Melilla.

Los novios de los años 60 y primeros de los 70 iban de viaje de luna de miel a Palma de Mallorca. Era la tradición. Los flamantes presidentes del Gobierno de España se van de viaje primerizo a Marruecos. Nos dicen que es una tradición y hay que respetarla.

Todos sabíamos, picardías aparte, a qué iban a Mallorca los novios de los años 60 y primeros de los 70. Iban a la playa, a ver las cuevas del Drach, a dar un paseo marítimo por la bahía en un ‘pedal’ y a Valldemosa a enterarse de quién fue Chopin y sobre todo de la personalidad de George Sand, que era aquella señora tan rara que estaba con el autor y que se vestía de hombre. También iban a comprar ensaimadas a juzgar por las llegadas que se veían en Barajas.

Lo que ya es más difícil de averiguar es a qué van con tanta prisa –y con viento de levante- a Marruecos los recién elegidos presidentes de nuestro Gobierno. Porque ya sabemos que el rey de Marruecos, el que sea, es hermano de Don Juan Carlos pero, que sepamos, ninguno de los presidentes tiene ningún lazo de parentesco con la monarquía del otro lado del estrecho. Si acaso lo que tenemos son más bien lazadas deshechas. Y ahí están el Sahara, Ceuta y Melilla, las marchas más o menos verdes, las pateras, la pesca y hasta las relaciones franco-marroquíes que siempre huelen a ‘cuerno quemado’, dicho sea en toda la extensión del término.

Bien están los protocolos y mejor las tradiciones, pero marcharse a Marruecos porque sí, para no hacer ni decir nada, parece un poco hueco, un poco vacío y hasta un gasto inútil, que como se entere Montoro vamos a tener una desgracia.

Luego vienen las frases, presididas todas ellas por aquello de la buena vecindad y lo de ‘estamos condenados a entendernos’. Ya lo de condenados no suena demasiado bien pero es que, además, lo de entendernos, lo que se dice entendernos, nos entendemos poco a no ser que haya entendimientos bajo cuerda a los que Garzón no ha podido ‘pinchar’.

Y puestos a vecindades y a fronteras también hay otras que podrían ser igualmente tradicionales.

Bien es verdad que esta vez hay la novedad de un primer ministro que dicen que han elegido los marroquíes y eso cambia las cosas o, al menos, lo parece.

Vamos que no sabemos a qué ha ido Rajoy a Marruecos y todos tenemos la sensación de que además, ha venido sin ensaimadas.

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