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Tribuna libre

La soledad sonora de Rodríguez Zapatero y el cambio en Euskadi

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El presidente del Gobierno se empieza a quedar solo. Y no sólo en el Congreso de los Diputados porque también en el PSOE se remueven las antiguas poltronas.

No es que Rodríguez Zapatero tenga mucho que ver con San Juan de la Cruz, pero en la semana que ha transcurrido ha tenido ocasión de enterarse de lo que es eso de la ‘soledad sonora’.

 Por un lado la soledad. Sus antiguos socios -léase los nacionalistas- ya no votan lo que él les dice. Los que hicieron de desodorante le abandonan y tiene que salir Blanco a recordarnos que no tienen mayoría absoluta y que por eso hay que negociar palmo a palmo, ley a ley y consenso a consenso. Y eso cansa y desgasta.

Y después llegan los sonidos de la calle, cada vez con más fuerza y cada vez más cerca de La Moncloa. Por mucho que Solbes quiera –literalmente- dormir la crisis económica, la crisis está ahí y crece más y más y, si esta semana han sido los autónomos, mañana serán los parados y al otro, los empleados públicos o los conductores de taxis o los trabajadores de RENFE o de Iberia o de los supermercados. Hay paro en todas las familias y hasta los bancos más boyantes tienen que empezar a deshacerse de los pisos que se les acumulan en las sucursales.

En el PSOE, no en Ferraz, pero sí en ámbitos importantes del socialismo español, se mueven las aguas, y las aguas bajan turbias para Rodríguez Zapatero. Es lo mismo que las aguas bajen por los cauces extremeños de Rodríguez Ibarra, que por los madrileños de Leguina. Y, como dice algún dirigente joven de Ferraz, ‘es que los mayores pierden el pudor y dicen todo lo que se les ocurre’

El caso es que la calle comienza a ser un clamor y si hoy son los ‘antibolonios’ y los autónomos, mañana pueden ser los compañeros del coro de Sonsoles Espinosa. Y a Rodríguez Zapatero le puede estar ocurriendo lo que a los presidentes de esos clubes de fútbol que, cuando las cosas vienen mal dadas, siempre acuden al recurso de cesar al entrenador. Y aguantan, aguantan hasta que la afición no se pronuncia contra el banquillo sino que se vuelve hacia el palco y ahí se acaban todos los aguantes.

Son muchos los españoles que ya se están volviendo hacia el palco que ocupa el presidente del Gobierno. Ya se vuelven hasta sus antiguos socios y hay temores en La Moncloa por si, en una de estas, se les ocurre volverse contra el palco a los banqueros. Que todo pudiera ser.

Zapatero tiene aún banquillo y sí no, que se lo pregunten a Solbes o a Chacón o a Cabrera, pero ese banquillo, además de estar agotado hace tiempo, se le va acabando poco a poco.

Dicen algunos socialistas que el cambio en Euskadi va a ser un balón de oxígeno para el Gobierno que se va a apuntar una serie de tantos, fundamentalmente, en acciones contra la ETA.

De la ‘noche de bodas’ con Basagoiti pueden salir cosas, pero otros dicen que no hay que hacerse demasiadas ilusiones. Es una noche de bodas algo mercantilizada: ‘tu lehendakari, yo presidente del parlamento de Vitoria. Hasta ahí, la noche saldrá bien entre los arrumacos de las tomas de posesión y de la ocupación de despachos, más o menos grandes, pero el problema puede venir cuando el ‘matrimonio’ quiera pasar a mayores y vengan los conflictos, típicamente conyugales, del idioma, de la enseñanza o del reparto de los presupuestos a los ayuntamientos.

Lo que uno no podía esperarse es que iba a ser una boda por poderes. Porque de momento, los novios, Patxi López y Basagoiti, no aparecen y son los padrinos y los testigos, los que se hacen las fotos partiendo la tarta. No se entiende muy bien, cómo en acuerdos tan trascendentes para el País Vasco y para socialistas y populares, los que parten el bacalao al ‘pil,pil’ sean Eguiguren, Ares y Oyarzábal.

Y la OTAN. Para trago, el trago de la ministra Chacón que, aunque Trinidad Jiménez nos tache de machistas, ha dado el espectáculo por esos despachos de la Europa de Carlos V y hasta de Felipe II. Bochorno, machista, si Trinidad Jiménez lo dice, pero bochorno.

Y bochorno, este no es machista, en la tesorería del Partido Popular. Rajoy confía en los que ‘yo he nombrado’, Camps incluido, pero es que lo de los trajes y los pisos y los apartamentos y los coches, ya va adquiriendo dimensiones considerables.

Pero para trajes los del juez Garzón con bordados mejicanos incluidos en el precio, que ahora, que también en Méjico ha aparecido ‘Pepe el del Popular’, igual lo puede empapelar en directo en cualquier telediario y, en vez de con toga, ir vestido de Jorge Negrete.

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