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La sonrisa de Pablo Iglesias

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El debate a cuatro del 7-D en Atresmedia no defraudó ni en audiencia ni en el contenido. Dudo que sea “histórico”, aunque bien es cierto que todo lo que sucede es histórico en sentido estricto.


Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Es interesante el intercambio de opiniones sobre el debate, necesariamente variopinto, así como las votaciones en diversos medios y en las redes sociales sobre quién fue el ganador. Unos se fijan más en las formas para otorgar el calificativo de ganador, y otros se centran en el contenido, por lo que difícilmente se puede coincidir al enjuiciar con baremos tan distintos.

El que quedó más “tocado” en el debate fue el candidato socialista. Pedro Sánchez estuvo sereno, pero hacia él fueron los dardos de Soraya, de Iglesias y de Rivera. La herencia de Zapatero, la falta de liderazgo dentro del PSOE, la corrupción que algunos pretender atribuir solamente al PP y un largo etcétera fueron demoledores para Pedro Sánchez. Muchos votantes, en otro tiempo socialistas, parecen decantarse por Podemos o por Ciudadanos, una “tormenta perfecta” o empanadilla para el PSOE.

Quedó patente que Podemos sigue dinamitando al PSOE, y lo seguirá haciendo en lo que resta de campaña. Pablo Iglesias fue fiel a su estilo, que sigue siendo arrogante, pero que ya incluye la sonrisa, pues hasta hace poco asociaba hablar de política con poner cara de vinagre. Iglesias ha aprendido a sonreír en su discurso, y más al ver cómo se va hundiendo el PSOE. El broche final de Iglesias me pareció muy brillante, con ese “no se olviden” y la estocada del “sonrían”.

Iglesias tiene su público, y no le defraudó, aunque debería seguir aprendiendo que es compatible ser agresivo con saber ir mejor vestido a un debate de ese tipo, y evitar gestos de joven profesor, aunque tal vez ha optado por contentar a los que son sus posibles votantes, en su mayoría jóvenes e indignados que buscan el castigo y la ruptura con los partidos tradicionales, PP y PSOE. Tal vez por eso le dijo con sorna Rajoy hace unos días “vas bien, Pablo”, sabiendo que Podemos no le hace ningún daño al PP, a diferencia de Ciudadanos.

Tanto Iglesias como Rivera presentaron diversos síntomas de utopía, con argumentos de salón, frente a la consistencia que exhibió Soraya. Los visibles nervios de Rivera pueden ser algo más que pura tensión de “primerizo”, tal vez por la emoción de ir viendo cómo crecen las expectativas de voto para Ciudadanos conforme pasan los meses, y que puede ser decisivo para el Gobierno que salga del 20-D, algo que le viene “grande” todavía, le supera. Ilustrativas sus palabras finales, apelando a la ilusión frente al miedo.

Soraya fue, probablemente, la ganadora del debate. Serena, dialogante y apelando a la experiencia, también en sus palabras de despedida. Tuvo que torear las críticas de los otros tres sobre la corrupción, pero con la agilidad de recordarle a Iglesias “paga, Monedero, paga”. Preparada y ágil, Soraya contribuyó a levantar la moral del PP, ya algo subida por el “efecto Bertín Osborne”.

Se suele hablar de que las campañas electorales sólo influyen en un 5% del electorado. Es poco, pero puede resultar decisivo. Y me parece que Soraya arrancó votos, al igual que Iglesias; Rivera pescó muy poco; y Pedro Sánchez salió perdiendo votos. A Pedro Sánchez le queda la bala del “cara a cara” con Rajoy del 14-D, pero acudirá muy tocado por el 7-D.

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