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Tribuna libre

La sorprendente reforma electoral de Italia

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Tras la disolución del Parlament catalán y la convocatoria de elecciones a finales de año, han comenzado a publicarse los primeros sondeos de opinión. Por paradoja, las urnas podrían volver a dar el gobierno a quienes acaban de ser cesados de forma drástica, aunque constitucional.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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En todo caso, la posibilidad de que el respaldo del voto popular sea diverso a la distribución de escaños confirma la conveniencia de revisar las leyes electorales. En la transición, ese sistema se justificaba claramente para favorecer la implantación de viejos y nuevos partidos después de años sin libertad política. Pero la situación actual –no sólo en Cataluña- ha evolucionado hacia formas de representación que no facilitan una gobernabilidad coherente, aun sin llegar a los extremos de la República italiana, que ha tenido unos 64 gobiernos distintos después de la segunda guerra mundial.

Quizá todo esto confiere importancia a la reforma aprobada en el país vecino, también en lo que pueda tener de precedente válido para el futuro de la representación política en España. Llevaban muchos años intentándolo y, al fin, ha salido: tal vez, como se interpreta por muchos analistas, por el temor de los partidos más clásicos de ser apeados en los comicios de 2018 –probablemente en marzo- por el avance del peculiar populismo un tanto antisistema del movimiento 5 Estrellas (M5S), lanzado por el actor Beppe Grillo hace unos años, y que ha cosechado evidentes réditos positivos: basta pensar en la alcaldesa de Roma..., que sigue adelante a pesar de tantos errores prácticos. Los líderes de las formaciones hasta ahora mayoritarias querrían evitar algo semejante para el conjunto del Estado.

De hecho, la ley ha salido adelante como fruto de un consenso alcanzado entre los dos grandes partidos -a izquierda y derecha-, liderados por Silvio Berlusconi y Matteo Renzi (Forza Italia y Partido Democrático), así como por la Liga del Norte. El Senado aprobó definitivamente el proyecto, con voto secreto: 214 a favor, 61 en contra y una abstención.

No es fácil valorar la ley, conocida con un nombre propio, como corresponde a la creatividad política transalpina: Rosatellum bis. Incorpora rasgos del sistema alemán, intermedio entre la uninominalidad británica –un único diputado por distrito electoral- y la proporcionalidad más o menos basada en la ley de Hondt. Desparece el premioque concedían otros proyectos a la lista más votada. En la práctica, castiga al M5S y favorece las coaliciones, algo que –en el régimen actual- invita también a ese tipo de coligación en Cataluña, a pesar de notorias diferencias...

Según el nuevo sistema, el 36% de los escaños, tanto de la Cámara de los Diputados como del Senado, serán asignados por un sistema mayoritario: un electo por circunscripción; para el restante 64% rige la proporcionalidad, con un umbral mínimo del 3% de votos para que un partido alcance representación, que será del 10% en caso de acudir a las urnas agrupados en coaliciones. Además, el Rosatellum bis admite una figura especial de coligación que no requiere unidad de candidatos: basta una “declaración de alianza”, y las listas que no lleguen al 3%, pero consigan más del 1%, sumarán a favor de la coalición.

Pero, según las primeras encuestas publicadas después de la aprobación de la ley, nadie conseguiría el 40%, que se considera indispensable para formar un gobierno estable: el centro derecha estaría en el 34%; el centro izquierda en el 33,3%, y el M5S en el 26,5%. En definitiva, la reforma podría no conseguir el objetivo de la gobernabilidad estable, pero perjudicará al M5S y a la izquierda segregada del Partido Democrático.

En cualquier caso, habrá que estar muy atentos a los próximos comicios italianos, pensando que en España no tardará mucho en abrirse un período de reformas constitucionales, que incluirán el régimen electoral futuro.

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