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Tribuna libre

La vida (política por supuesto) sigue igual

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Ni congresos, ni peleas parlamentarias, ni juicios, ni huelgas, ni negociaciones presupuestarias. Aquí no cambia nada y pocas cosas se mueven, inflación aparte.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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La sensación, y hasta la realidad, que hubo en España el año que estuvimos sin Gobierno -gracias a los ‘buenos oficios’ de Pedro Sánchez- no ha desaparecido del panorama de nuestra vida pública.

Desde el desafío independentista en Cataluña, hasta las componendas del Gobierno para intentar aprobar los presupuestos, pasando por los malos modos en el Congreso o los problemas internos de los partidos, nada parece cambiar.

Ni congresos, ni conatos de huelga, ni subida de impuestos, ni pensiones, ni estructura administrativa en autonomías, provincias o ayuntamientos, ni juicios anticorrupción; aquí lo único que parece moverse es la inflación, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo.

Quienes pensaron que la provisionalidad se acabaría con la llegada de un Gobierno, se equivocaron. Hasta en el mismo ejecutivo, con la amenaza constante de nuevas elecciones, existe esa sensación.

En Cataluña, los únicos que siguen adelante son los independentistas. Los viajes de la vicepresidenta siguen sin dar fruto –que sepamos- y ahora, hasta se habla de coqueteos con la antigua Convergencia para poder aprobar los presupuestos. Lo mismo de siempre.

El problema de las pensiones sigue en su lugar descanso por más que, de vez en cuando, llegue a la opinión pública alguna ocurrencia, más menos festiva.

Nuestra economía sigue dependiendo de Bruselas que continúa amenazándonos con multas hasta por circular en coche, cosa que –dicho sea de paso- tiene a Inés Sabanés en pleno éxtasis ‘contaminatorio’.

La ideología del Gobierno, está dónde estaba, es decir, en ninguna parte, y lo que llaman ideología es perfectamente canjeable por un puñado de votos.

El socialismo sigue sin rumbo y a la gestora, se le está echando encima la fecha de caducidad.

Ciudadanos sigue en el quiero y no puedo y Podemos mantiene sus afanes teatrales con el protagonismo reforzado de su líder.

Poco bagaje para cumplir las expectativas. Mientras hubo gobierno en funciones había un atisbo de esperanza, cuando se acabaron las funciones, la esperanza se transforma en realidad y la realidad es que todo sigue igual.

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