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Tribuna libre

A vueltas con la reforma de la enseñanza superior militar

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La concepción del mundo universitario actual -tanto en España como en el resto de Europa- nunca se ha caracterizado por la búsqueda del saber hacer algo útil.

La formación superior militar ha transitado desde un sistema en el que a lo largo de cinco cursos prevalecía la formación militar -carácter y competencias militares- con apoyos formativos de naturaleza técnico-científica, a otro en el que se hace énfasis especial en una formación de naturaleza técnica ajena al mundo castrense -ingeniería en organización industrial- y un último año intensivo en milicia. La obtención del empleo de teniente queda supeditada a la consecución de un grado en ingeniería.

El presente artículo no debe entenderse tanto como una crítica al actual sistema formativo sino como un intento de arrojar luz sobre las implicaciones del camino emprendido.

La concepción del mundo universitario actual -tanto en España como en el resto de Europa- nunca se ha caracterizado por la búsqueda del saber hacer algo útil. Hoy en día cuando nos referimos al saber casi siempre queremos decir saber hacer algo. Estados Unidos ha sido la cuna de este tipo de orientación.

A los experimentos realizados entre 1927 y 1932 por Mayo en la planta de Hawthorne Works de la Wester Electric Co., orientados a determinar la influencia de la intensidad de la luz en la capacidad de producción de los operarios de dicha planta, podríamos oponer las abstracciones intelectuales de Ortega o cualquier otro pensador europeo. Utilidad y abstracción como ejemplo de constante diferenciación conceptual entre el mundo anglosajón y el europeo. A día de hoy, tal concepción, no parece haberse modificado en demasía. Bolonia no deja de ser un intento de acercamiento a la misma.

Lo cierto y verdad, es que cada vez se valora más que la formación sea útil -no solamente útil, pero que también lo sea- esto es, que se forme para saber-hacer algo útil.

Difícilmente sería entendible que un cirujano no recibiera una formación orientada a concretarse en sus conocimientos a través de las intervenciones quirúrgicas necesarias. Toda materia que no nos acercara a la finalidad perseguida tendría la consideración de espuria formativa. Por pura lógica se debe impartir una enseñanza con propósito finalista.

-Finalidad de la Institución Militar

De acuerdo con el texto Constitucional, su razón de ser es la de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional; el uso de la fuerza queda subordinado a la autoridad civil pero, una vez resuelto su empleo, el Ejército adquiere carta de naturaleza en el empleo de la violencia. El mismo representa la última ratio en defensa de los intereses de la nación y de sus ciudadanos.

-Definición del problema de la enseñanza superior militar

Difícilmente se puede resolver un problema si no ha sido enunciado con precisión. Dar solución a un problema mal planteado supone entrar en una espiral de despropósitos ilimitada.

Consecuentemente y en atención a los fines de la institución, los alumnos de los centros militares debieran recibir una formación fundamentalmente orientada al combate.

En el caso de la enseñanza militar el saber-hacer algo útil supone saber emplearse en el combate.

-Algunas reflexiones en relación con los criterios a considerar en la evaluación de los posibles planes de estudios.

.Cuestiones de carácter.

Los principios y valores propios de la institución no se entienden, se viven. La formación se debe concebir como un sistema de inmersión en valores que encuentra en el ejemplo del profesorado su principal vehículo de transmisión.

Al igual que no se aprende a correr en un aula -se aprende corriendo-, resulta inviable intentar llegar al mundo de los principios y del liderazgo solamente a través del intelecto. No se trata de saber sobre tales conceptos sino de emplearse en ellos.

En palabras de Daniel Goleman el foco formativo no se encuentra en el conocimiento enunciativo (lo intelectual y cognitivo) sino en el conocimiento procesual (lo vivencial y emocional).

Así mismo, el respeto por las tradiciones deviene en un ancla vital al código de valores que siempre ha alimentado la institución. Como apuntaba Ortega en "La rebelión de las masas"

"El tigre de hoy tiene que ser tigre como si no hubiera habido antes ningún tigre; no aprovecha la experiencia milenaria que han hecho sus semejantes en el fondo sonoro de las selvas. Todo tigre es un primer tigre; tiene que empezar desde el principio su profesión de tigre. Pero el hombre de hoy no empieza a ser hombre, sino que hereda ya las formas de existencia, las ideas, las experiencias vitales de sus antecesores, y parte, pues, del nivel que representa el pretérito humano acumulado bajo sus plantas. Ante un problema cualquiera, el hombre no se encuentra sólo con su personal reacción, con lo que buenamente a él se le ocurre, sino con todas o muchas de las reacciones, ideas, invenciones que los antepasados tuvieron. Por eso su vida está hecha con la acumulación de otras vidas; por eso su vida es sustancialmente progreso."

Si West Point – y el Ejército americano en general- poseyera una riqueza en historia y tradiciones semejante al de nuestras academias militares habría desarrollado toda suerte de códigos de reconocimiento y respeto hacia las mismas, algo que con una trayectoria menos dilatada, forma parte de su esquema formativo desde su creación.

.Cuestiones sobre las materias a tratar.

En consonancia con la definición del problema, son las materias competenciales militares, y no otras, las que deben ser el fulcro en torno al cual debe girar todo el universo formativo de la enseñanza militar.

Materias como el cálculo, la física, la estadística, el derecho, etc., adquieren la condición de auxiliares y por tanto no deben suplantar nunca en importancia a las que dan solución a la cuestión planteada, que no es otra que formar para el combate.

El rigor formativo con que emplearse en las mismas debiera ser exactamente igual al de las asignaturas troncales, no así en cuanto al nivel de conocimientos requeridos. De las materias auxiliares se debe proponer el conocimiento necesario, y no más, en atención a la finalidad formativa de la institución. Resulta clarificador comprobar la diferencia existente -por lo que se refiere a complejidad académica y de programa- entre la asignatura de cálculo en la carrera de ciencias económicas y la de la misma materia en cualquier ingeniería.

¿Por qué no se estudia cálculo, física, responsabilidad social corporativa, normas ISO, en un ambiente de fuerte vivencia en valores y liderazgo en la carrera de medicina? Sencillamente porque resultan ajenos a la condición de licenciado en medicina.

.Cuestiones sobre la forma de ingreso

Un año selectivo parece una forma de ingreso más que adecuada; tal sistema propicia el seguimiento y selección del alumnado a lo largo de todo un curso académico. En el mundo de la empresa no se considera finalizado el proceso de selección de un candidato hasta que no ha transcurrido como mínimo un período de seis meses de estancia en la misma.

Ese plazo de tiempo propicia que la misma tenga la oportunidad de comprobar las bondades que el candidato anunciaba en sus inicios a la par que el empleado pueda constatar que la empresa se concreta tal como imaginó en sus primeras entrevistas.

Una vez superado el primer año, las bajas posteriores, siempre dentro del más absoluto de los rigores formativos, debieran entenderse como errores del proceso de selección no detectados a su debido tiempo.

.Cuestiones sobre el profesorado.

Ser profesor en las Academias Militares no debería concebirse como un destino más del militar, porque esa forma de entender la enseñanza no propicia el que se pueda disponer de un profesorado excelente y vocacional.

Consecuentemente que el profesorado disponga de cualidades de carácter y competencia adecuadas pasa por crear un cuerpo docente militar, al igual que en cualquier institución universitaria, dedicado a la investigación, enseñanza y práctica realista de sus materias docentes.

Tal concepción garantizaría que el profesorado estuviera constituido por maestros -carácter y competencia adecuados- y no por profesores centrados con exclusividad en la enseñanza intelectual.

Quien forme en el liderazgo no debe ser un intelectual ajeno a su práctica, sino un individuo ejemplar en su conducta -con experiencia al respecto- y dedicado en cuerpo y alma a la docencia. Tal visión de la enseñanza es extensiva a todo tipo de materias; así el cálculo, la física, la electrónica, la estadística, etc., serían impartidos por profesorado militar cualificado adecuadamente.

Un posible modelo de dedicación académica consistiría en emplear un tercio del tiempo en labores de enseñanza, otro tercio a la investigación y el tercio restante a la actualización práctica de conocimientos y experiencias.

.Cuestiones sobre las Facultades Militares.

Vistas así las cosas, la enseñanza militar se impartiría en academias militares con rango de Facultad, integrándose de esa forma en el Ministerio de Educación con una función y titulación propia y específica.

Las mismas Facultades serían las encargadas de formar adecuadamente tanto en los cursos de especialidad, como en los de promoción; curso de jefes, estado mayor, de postgrado –máster y doctorado-, de actualización para el ascenso a oficial general, etc.

La Dirección General de Enseñanza del Ministerio de Defensa se constituiría así en el Rectorado de la Universidad de la Defensa, con facultades y centros de formación especializados, tanto de postgrado como en el diseño de la formación del suboficial (tan importante como la Superior, incluyendo pasarelas para la promoción interna). La carrera militar sería una más de las reconocidas oficialmente y su esfuerzo se concentraría en formar excelentes militares en lugar de ingenieros que posiblemente nunca lleguen a ejercer tal profesión.

La formación castrense requiere una fortísima armadura vital en valores, solamente posible desde un rigurosa selección y un profesorado que se emplee con maestría, esto es, que no solamente aspire a impartir conocimientos sino que también, y fundamentalmente, sea capaz de impactar en el corazón del alumno. La Universidad hace tiempo que renunció a la enseñanza en valores.

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