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Política

Moratinos monta en cólera por un artículo crítico con la política exterior española y escribe otro acusando a sus autores de estar en sintonía con el PP

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La publicación de un “diagnóstico” de la política exterior española a cargo de dos expertos, José Ignacio Torreblanca y José María de Areilza, ha provocado una respuesta pública de Miguel Ángel Moratinos con descalificaciones hacia sus autores.

Tanto el análisis de Torreblanca y Areilza como la reacción y la respuesta de Moratinos han sido motivo de muchos comentarios en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Según fuentes diplomáticas consultadas por El Confidencial Digital, el artículo de Torreblanca y Areilza en el número de verano de la revista ‘Foreign Policy en español’ causó enorme enojo en un ministro ya enfadado con la prensa por el tratamiento que esta ha ofrecido de sus viajes a Guinea Ecuatorial y Gibraltar y su política hacia Cuba, entre otros asuntos.

Algo del enfado de Moratinos puede inferirse en el artículo, publicado en el número de septiembre de la revista ‘Política Exterior’ y firmado por el propio ministro, que sirve de réplica al trabajo de Torreblanca y Areilza, y en el que les acusa de “carencia de rigor y de experiencia”.

Curiosamente, Torreblanca y Areilza, hombres de currículos reconocidos y de amplia trayectoria como profesores y expertos en política internacional, no son considerados personas partidistas en sus análisis y, además, son intelectuales de ideas políticas divergentes entre sí, coincidentes tan sólo a la hora de evaluar las carencias de la política exterior española. 

Algunas fuentes de Exteriores no dudan en señalar que ambos expertos se han sentido represaliados e indefensos ante el enfado del ministro. Argumentan que su artículo ofrecía una descripción analítica en clave de crítica constructiva y sin voluntad de hacer daño, como conviene a una revista especializada.

Torreblanca y Areilza exponen su “Diagnóstico Diferencial” de la política exterior española en forma de una carta/informe al presidente Rodríguez Zapatero. “¿Por qué quiere que se le recuerde, en España y fuera de España? ¿Hay algo de lo que se sienta especialmente orgulloso?”, comienzan los autores.

A continuación, ambos profesores comparan las distintas trayectorias internacionales de González y Aznar, señalando que los “logros en política exterior” de Zapatero “son algo más difusos” y que el hecho de que sea un europeísta convencido no implica dejar de plantearse “qué huella dejará en la Unión Europea”. Al tiempo, Torreblanca y Areilza señalan que “la política interna pesó muchísimo en su agenda y la acción exterior no fue prioritaria”, al menos durante su primer mandato, y le recuerdan que “llevar soluciones de futuro al último pueblo de su León natal requiere pasar mucho tiempo fuera de España”.

Señalando que Zapatero tiene una política exterior “más de izquierdas” que la de González, recuerdan que tanto González como Aznar “tuvieron bastante éxito”. Zapatero, en cambio, “no ha logrado completar (sus objetivos) de forma satisfactoria”, por lo que le sugieren “que los revise y, eventualmente, los cambie y los reoriente”.

Sectorialmente, Areilza y Torreblanca hacen estas observaciones en torno a la acción diplomática española:

-- De cara a la presidencia española de la UE en 2010, “se echa de menos la impronta personal” de Zapatero, así como “una visión de conjunto ordenada y clara”.

-- Politización del servicio exterior: “sin despolitización de la mayoría de los nombramientos de embajadores y altos cargos no se conseguirá que el Ministerio trabaje con sentido de Estado y dé continuidad a la política exterior española”.

-- Problemas de personal: “España no cuenta con los medios necesarios para alcanzar objetivos ambiciosos”. “El Gobierno ha vuelto a abandonar el proyecto de reforma de nuestro servicio exterior (…) Reformar el servicio exterior requiere que el ministro viaje menos, negocie con otros miembros del gabinete y se desgaste políticamente, pero es imprescindible. Su actual ministro de Exteriores no tendrá la excusa de sus predecesores de haber pasado demasiado poco tiempo en el Ministerio”.

-- Críticas a la cooperación española: “La calidad de la ayuda es todavía mejorable y (…) se requiere una estrategia muchísimo más activa de presencia en los organismos multilaterales”

-- Multilateralismo ineficaz: “Si de verdad le gusta la ONU, ¡cámbiela!”

-- Excesiva ideologización: “La llegada de Obama podría ofrecer una buena oportunidad para centrar algo más su diplomacia”.

-- Falta de unidad de acción: “España ha venido elaborando planes sectoriales (Plan África, Plan Asia), pero carece de una visión (formal) de conjunto”.

-- Falta de objetivos concretos: Los autores critican que los objetivos de nuestra política exterior quieran cubrirlo todo sin priorizar: “Europa, seguida de América Latina, a continuación el Magreb y Oriente Medio, sin descuidar, claro está, Asia, y, por supuesto, con especial atención al continente africano. ¿No es el momento de fijar objetivos más concretos?

-- Falta de defensa real de los Derechos Humanos: “Una de las cosas que más llama la atención de la política exterior española fuera de sus fronteras es que, viniendo de un país que ha tenido un pasado autoritario, conceda tan escasa importancia a la promoción de la democracia y de los derechos humanos”, “Episodios como la negativa a hablar con el Dalai Lama por miedo a irritar a China o la reticencia a reunirse con los disidentes cuando se visita La Habana deben quedar superados”. “El Gobierno español debe ser más fuerte y consecuente en la defensa de sus principios. Esto requiere hablar de una de nuestras grandes asignaturas pendientes: la promoción de la democracia y de los derechos humanos”.

-- Cambio de paradigma: La llegada de Obama “ha convalidado en parte su visión del mundo”, por lo que la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones “ya no es tan necesaria en los términos en los que fue planteada”.

-- Ineficacia de la ayuda al desarrollo: “no está claro que el incremento del gasto haya ido acompañado de una estrategia clara sobre cómo, dónde y en qué invertirlo”.

-- Descontrol administrativo: “Se acepta con demasiada naturalidad, incluso con fatalismo, la ausencia de coordinación entre diversos departamentos de su Gobierno”.

Areilza y Torreblanca abordan también distintos “puntos calientes” de interés para la política exterior española, eludiendo temas muy dolorosos para el Gobierno como son Sahara Occidental, Gibraltar y Guinea Ecuatorial. Los expertos de “Foreign Policy” recomiendan distintas actitudes en torno a las relaciones con Cuba, EEUU, reconocimiento de Kosovo, Hispanoamérica y Oriente Medio. Instan a Zapatero a “aceptar otros puntos de vista” y a mantener contacto frecuente “por móvil” con sus colegas europeos.

En su respuesta en “Política Exterior”, Moratinos afirma que, para establecer un diagnóstico sobre la acción exterior española son necesarias “sensibilidad y responsabilidades”, y acusa a Areilza y Torreblanca de enhebrar un relato “sin matices”, al que tacha de “unilateral” por “la carencia de rigor y de experiencia necesaria” por parte de los autores.

Moratinos considera también que algunas de las ideas de los autores entran dentro de lo “delirante”, y que “presuponen comportamientos rayanos en la descalificación política y personal mediante un discurso pretendidamente científico”. Areilza y Torreblanca, según Moratinos, sufren una “gran confusión sobre cuestiones serias”.

Con todo, lo que más ha llamado la atención en la réplica de Moratinos, más allá del gesto inhabitual de responder a dos estudiosos independientes es la acusación de que su texto está “políticamente sesgado”. Moratinos acusa a Areilza y Torreblanca de guardar “simetrías sintomáticas con el principal partido de la oposición”. El ministro tampoco ahorra críticas hacia Aznar, al que acusa de “dificultar y atascar el proceso de construcción europea”.

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