Jueves 18/01/2018. Actualizado 13:54h

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Política

Un debate sin claro ganador y que no cambia nada. Rubalcaba intentó acorralar a su rival y se equivocó en dar por supuesto que gobernará. Rajoy no quiso correr riesgos

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El debate Rajoy-Rubalcaba, transmitido por las televisiones y las radios y que tuvo una gran audiencia, no provocará ningún cambio en las previsiones electorales. Es el análisis de los expertos. Los dos contendientes se comportaron sin salirse de los respectivos guiones. No hubo un claro ganador, y por tanto Rubalcaba resultó perdedor porque ha desaprovechado la que podía haber sido su única oportunidad.

Los candidatos vestían trajes oscuros en ambos casos, los dos con corbatas azules. Al inicio, a Rubalcaba se le notaba mucho más tenso, mientras Rajoy intentaba sonreír. El escenario resultó frío, y el moderador, Campo Vidal, se mostró premioso en la introducción, que fue demasiado larga. Durante el resto de la velada, el presentador apenas se dejó notar, salvo en algún momento en que intentó frenar a Rubalcaba.

El debate no fue espectacular prácticamente en ningún momento. Resultó bastante previsible, y por tanto no tendrá apenas efectos en la intención de voto. A su término, los dos partidos proclamaron la victoria de su respectivo representante.

Estuvo más activo el PSOE, que se dedicó a enviar mensajes telefónicos a periodistas y opinadores hablando de “victoria de Rubalcaba por goleada”. En Twitter triunfó un ‘trend topic’ con la frase “Rajoy gana”. Las encuestas sobre la marcha de ABC y de El Mundo dieron como ganador al líder del PP. Según El País, Rajoy ganó por 5 puntos: 46% frente a 41%.

Dos parte muy distintas

El enfrentamiento tuvo dos partes muy distintas. La inicial, con un Alfredo Pérez Rubalcaba agresivo, tratando de acorralar o desconcertar a Mariano Rajoy, insistiendo en hacerle preguntas y remachando que no le estaba contestando, y en la que el líder del PP no entró a ninguna de las trampas que le fue tendiendo.

El principal error cometido por el candidato socialista fue que prácticamente en todas sus intervenciones daba por supuesto que Rajoy ganará las elecciones, con preguntas sobre “qué hará” en los distintos campos que iba planteando.

Tras el descanso, en la segunda parte se notó que ambos políticos habían recibido consejos de sus equipos. Rubalcaba se mostró menos acosador y en alguna ocasión no dio por sentada la victoria de su rival. Rajoy, por su parte, se mostró algo más incisivo, inquiriendo también a su oponente, acusándole alguna vez de mentir y repitiendo la afirmación de que estaba soltando insidias.

El programa del PP

A lo largo del debate se habló sobre todo del programa del PP, porque Rubalcaba centró gran parte de su intervención en desgranarlo, criticarlo y plantear preguntas a su rival. Dedicó más tiempo a esa intención que a exponer sus propias propuestas. Por ello, apenas dio la sensación de que realmente se veía como candidato a presidir el Gobierno, y más bien se comportó como ‘líder de la oposición’.

Rajoy fue más eficaz en ir desgranando sus planes y propuestas, siempre partiendo de que España se encuentra en mala situación por la incapacidad del Gobierno y concluyendo con la necesidad de un cambio. Le resultó bastante sencillo en más de un momento desbaratar las acusaciones de su rival acudiendo a lo que había hecho y aprobado el anterior Ejecutivo.

Rubalcaba le fue poniendo, una tras otra, trampas dialécticas (supresión del seguro de desempleo, reforma laboral, recurso contra el matrimonio homosexual, trasvase de enfermos a la sanidad pública), y atribuyendo a su oponente intenciones ocultas. El líder del PP las sorteó con cierta facilidad, incluso cuando insistía en que no le estaba contestando.

La línea de fondo que manejó Rubalcaba fue que el programa electoral del PP, que manejó repetidamente, incluso citando las páginas, era ambiguo y ocultaba intenciones peligrosas, sobre las cuales insistía en preguntar a Rajoy, que pocas veces contestaba, y otras achacaba al socialista estar haciendo juicios de intenciones, no saber leer bien o no enterarse de lo que leía.

Rubalcaba le acusó de que iba a bajar las pensiones, y Rajoy respondió que quien las había congelado era este Gobierno, y a las imputaciones sobre gestión privada de centros sanitarios respondió que eso habían hecho los socialistas cuando gobernaban en Cataluña o en Baleares.

A los votantes de izquierda

Quedó bastante en evidencia que Rubalcaba dirigía su discurso, no a la generalidad de la población, sino a los votantes de izquierda, y por eso hacía hincapié en todos los aspectos que interesan a ese sector: impuesto a los ricos, control a los bancos, defensa de los sindicatos, sanidad pública, enseñanza pública, matrimonio homosexual.

Dedicó demasiado tiempo a asuntos muy parciales, como la supresión de las diputaciones o el matrimonio homosexual.

Rajoy tuvo un planteamiento más general, intentando analizar el fondo de los problemas y de las soluciones, y desgranando propuestas de su programa. En algún momento se mostró tajante, como cuando afirmó “yo no soy como usted”, y planteó a su oponente que demostrara lo que estaba diciendo. En otros, dejó ver alguna muestra de ironía: cuando Rubalcaba le dijo que había dado “una clase de Economía de Primero que muchos agradecerán”, respondió: “Usted sí”.

ETA en el debate

El tercer tramo fue aprovechado por Rubalcaba para hablar de seguridad, y en concreto para sacar el final de ETA, aunque cuidándose muy mucho en apuntarse el ‘tanto’, mientras que Rajoy abordó la política exterior en estos años para decir que España ha perdido peso en Europa y en América por dedicarse a la Alianza de Civilizaciones.

El nombre de José Luis Rodríguez Zapatero ni se pronunció (salvo un lapsus de Rajoy, que empezó a llamarle “Rodríguez Rubalcaba”), y no se habló del ‘caso Campeón’, que afecta al ministro José Blanco. Rajoy tenía decidido de antemano no abordar este asunto.

El candidato del PP no arriesgo apenas nada. Se movió con enorme cuidado para no cometer ningún error grave, cosa que consiguió.

Rubalcaba era el que más se jugaba con el debate, dada su situación en las encuestas, pero, al no convertirse en ganador, ha dejado pasar su mejor oportunidad de cambiar la situación.

Si los expertos calculan que un debate de estas características solamente puede modificar en un 1 o un 1,5% la intención de voto, en este caso posiblemente ni siquiera eso en ninguna dirección.

No obstante, hubo cierto consenso entre los analistas de que lo más positivo del debate fue que se haya celebrado.

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