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Política

El aguante del ministro de Trabajo tiene un límite. Valeriano Gómez, que ya sabe lo que es dimitir de un cargo, está indignado por las desautorizaciones de Zapatero y Salgado

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El titular de Trabajo, Valeriano Gómez, tiene capacidad aguante, pero con un límite. Tragarse, políticamente hablando, dos desautorizaciones en sólo un mes y pico en el ministerio es mucho sapo. Porque, además, el ministro ya sabe lo que es dimitir de un cargo público.

Valeriano Gómez se ha visto públicamente desautorizado dos veces a propósito de la prórroga de los 420 euros para parados a los que se les agota la prestación. Primero le ninguneó la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, y luego lo hizo el propio Zapatero, que además ni siquiera le consultó la supresión del subsidio porque sabía lo que el ministro le iba  a decir.

En relación con las pensiones, el titular de Trabajo había diseñado un calendario, unos plazos, con el fin de la reforma y apurar las posibilidades de un pacto. Zapatero, ninguneándole, ha puesto fecha, febrero como máximo y, si no hay acuerdo, decretazo al canto.

Según ha sabido El Confidencial Digital, Valeriano Gómez está indignado con lo ocurrido, porque, no solo le ningunean, sino que le han cortado los puentes con los sindicatos.

El ministro ha comentado a sus colaboradores: “¿Es así es como quieren que recomponga el diálogo con los sindicatos?”.

Considera que, como mínimo le podían haber dado margen para vender que el subsidio de los 420 euros se va a reconvertir en ‘becas a la formación o ‘salarios de formación para los parados que acudan a cursos de reciclaje’.

Anunciar a palo seco la supresión del subsidio de 420 euros es ir contra las bases electorales socialistas, es anunciar medidas sin anestesia. Los sindicatos se lo van a poner imposible.

Y lo de las agencias privadas de colocación  va a poner a los sindicatos en el disparadero. “¿Así vamos a recomponer el diálogo social, o lo vamos a reventar?”, ha comentado en privado.

El anuncio de la supresión del subsidio de los 420 euros por parte de Zapatero, hecho en el Congreso, pilló por sorpresa a casi todo el Gobierno. Y para Valeriano Gómez supuso una desautorización en toda regla, ya que él ha defendido siempre su mantenimiento.

Gómez tiene interiorizado que “el subsidio a parados sin ingresos es un seguro de paz social, y hay que mantenerlo como sea. Está en el ADN de la política de un Gobierno socialista”.

Ya le dimitió a Jesús Caldera

Los que le conocen bien saben que, como le ninguneen mucho, le planta sin más la dimisión a Zapatero.

Cuando era Administrador judicial de la cooperativa socialista de viviendas PSV, se fue a La Moncloa a ver a Felipe González y le dijo que milagros no hacía: o abría una línea de financiación pública para reflotar la cooperativa, o le planteaba la dimisión y daba una rueda de prensa.

A Caldera, ministro de Trabajo, le presentó la dimisión porque estaba en desacuerdo con lo que hacía y con el puenteo al ministerio por parte de Solbes.

Gómez es un animal político, que desde los 17 años milita en las Juventudes Socialistas. Y en eso se parece al otro Gómez (Tomás), el secretario general del PSM, que también ha dado muestras de tener carácter.

La diferencia es que Valeriano Gómez no necesita la política para vivir: es economista, profesor de los máster de la Fundación Ortega y Gasset, tiene abierta la puerta como asesor en grandes empresas, ya lo ha sido del presidente de CEPSA, ocupa un puesto en el Consejo Económico y Social, y ha escuchado ofertas de la Universidad Autónoma y de la Carlos III para dar clases.

Las informaciones de que dispone El Confidencial Digital destacan que el todavía ministro de Trabajo tiene muy medido “hasta donde hay que tragar”. Justo lo que no ha medido el presidente del Gobierno quien, según fuentes políticas, tiene el hábito de decidir sobre la marcha y de improvisar compulsivamente, por ejemplo cuando le aprietan los mercados. Y habitualmente trata a los ministros como secretarios de Estado.

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