Jueves 14/12/2017. Actualizado 19:07h

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Política

Corrupción en Cataluña

Los lamentos del ex molt Honorable Jordi Pujol

1) Artur Mas no le llama; 2) No pudo asistir al bautizo de su primer bisnieto; 3) Le han abandonado sus amigos

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Los escándalos de corrupción que han salpicado en los últimos meses a la familia Pujol-Ferrusola han hecho mella en el ex presidente catalán. Se encuentra abatido y dolido porque sus amigos le han “abandonado”. Lo que más le ha dolido ha sido perderse el bautizo de su primer bisnieto.

El ex president Jordi Pujol. El ex president Jordi Pujol.

Jordi Pujol está completamente abatido. Así lo ha podido escuchar El Confidencial Digital en boca de personas de su entorno familiar, que constatan que desde que se hiciese públicos los escándalos de corrupción que afectan a los Pujol-Ferrusola, el ex presidente catalán “no levanta cabeza”.

Los amigos le dan la espalda

Una de las cosas que más le duele a Jordi Pujol es el “abandono” de sus amigos. Considera que muchos de los que siempre le telefoneaban o llamaban a su puerta “han desaparecido, ya sólo me queda la familia” asegura.

Entre este grupo de “amigos” que le abandonado incluye a los altos cargos de su partido, Convergencia i Unió. Nadie, dice, le ha llamado para preguntarle cómo está, si necesita algo, o simplemente para dar ánimo. Ni Artur Mas, a quien designó como sucesor el propio Pujol, ni Duran i Lleida, por quien también apostó en su día.

Otros, como el alcalde de Barcelona Xavier Trías, amigo íntimo de Pujol hace tiempo, incluso fue quien pidió al ex presidente que devolviese la Medalla de Oro de la ciudad. Trias fue durante algunas legislaturas una de sus personas de máxima confianza.

Su mayor dolor, el bautizo de su bisnieto

Quienes aún están cerca del ex presidente aseguran que en estos últimos meses Pujol ha seguido de cerca todo cuanto se dice de él en los medios de comunicación. Es consciente de que ha estado –y en parte continúa- bajo ‘vigilancia’ pública.

Por ello, explican las fuentes consultadas por ECD, tomó la decisión de desaparecer de la vida pública, refugiándose en su propia casa. Esto le ha llevado a vivir alguno de los momentos más duros de todo el proceso: su ausencia en importantes actos familiares.

Lo que el Pujol califica de más doloroso ha sido no poder asistir al bautizo de su primer bisnieto, hijo de Mercé Pujol Gironés –hija de Jordi Pujol Jr- y de su marido Ignacio García de Quevedo –perteneciente a una de las familias más ricas de México-. Es, dicen, su nieta preferida. De ahí que se la conozca como la “nietísima”.

El acto familiar, que tuvo lugar a principios del pasado mes de agosto en la localidad de Guils de Cerdanya –donde tienen el chalet familiar en el que pasa parte de su tiempo recluido el ex presidente, además de su casa de Barcelona- se convirtió en una “cacería de fotógrafos”, tal y como relatan personas del entorno de los Pujol.

Pese a encontrarse a pocos kilómetros de la iglesia donde se celebró el sacramento, la presión mediática le obligó a quedarse en casa junto a su mujer, Marta Ferrusola, en el refugio familiar de Cerdanya, a cuyas puertas le esperaba la prensa.

El resto de invitados al acto familiar tuvo que vivir situaciones surrealistas aquel día, ya que a última hora se cambió el lugar del convite y se les avisó por medio de whatsapp para evitar que la prensa les siguiese. Incluso algunos periodistas denunciaron ante los Mossos que les habían pinchado las ruedas de sus vehículos con la intención de deshacerse de su presencia.

“Condenado” por la historia

Otra de las derivadas de los escándalos de corrupción que más duele a Pujol i Soley es el recuerdo que dejará en la historia política de Cataluña. Siempre había insistido, dicen, en que le agradaba la idea de ser rememorado en el futuro como un personaje determinante en los anales de la región.

Sin embargo, es consciente que las polémicas en torno a su familia han estropeado esa imagen, la han emborronado. Algo que considera “totalmente injusto”, confiesan personas próximas al ex presidente catalán.

Pese a todo ello, continúa manteniendo parte de ese “humor especial” que destacan en él quienes le conocen. Dicen, por ejemplo, que llegó a referirse -con una sonrisa- a su situación actual como “el exilio de Napoleón en la isla de Santa Elena”. Su esposa, por otra parte, es “más dramática” e incluso le han escuchado decir que todo este escándalo “nos llevará a la tumba”.

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