Jueves 14/12/2017. Actualizado 10:50h

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Política

También se guardan los precintos

Las urnas del 1-O se convierten en piezas de coleccionismo

Independentistas buscan cómo hacerse con ellas y proponen subastarlas para atender la demanda

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El pasado 1 de octubre más de dos millones de catalanes votaron por la independencia en las 7.000 urnas que la Generalitat colocó por todo el territorio para celebrar el referéndum de secesión. Estas urnas de plástico burlaron todos los controles de las Fuerzas de Seguridad y los servicios de información, que no consiguieron incautarlas, y se han convertido en un símbolo y en verdaderos fetiches para los independentistas.

Gabriel Fernández, concejal de ERC en Sabadell, y Gabriel Rufián, con una urna días después del 1-O. Gabriel Fernández, concejal de ERC en Sabadell, y Gabriel Rufián, con una urna días después del 1-O.

Las Fuerzas de Seguridad se incautaron de numeroso material que se estaba preparando para el referéndum del 1 de octubre en las semanas previas, como millones de papeletas y carteles, en diversas imprentas de Cataluña.

Sin embargo, no consiguieron interceptar las urnas. Éstas llegaron desde Francia, donde se almacenó el pedido de miles de urnas compradas a una empresa china. Los servicios de información no detectaron el operativo montado por los independentistas, que fueron distribuyendo urnas entre responsables locales de los partidos (sobre todo ERC) y las entidades secesionistas (ANC, Òmnium) y escondiéndolas en domicilios particulares.

Las urnas al final aparecieron a primer hora de la mañana del domingo 1 de octubre en los puntos designados por la Generalitat, y en ellas depositaron sus votos cientos de miles de independentistas, más de dos millones según el gobierno de Puigdemont.

La Generalitat no recogió las urnas

¿Y qué pasó con las urnas tras el 1-O? Pues al igual que después de la consulta independentista del 9 de noviembre de 2014, la Generalitat no ha recogido esas urnas.

De hecho, El Confidencial Digital ha podido comprobar que en estas semanas posteriores al 1 de octubre, las urnas y el resto del material utilizado en el plebiscito ilegal se han convertido en auténticos objetos de coleccionismo buscados por los independentistas.

En el caso de las urnas, en muchos casos terminaron en casa de los coordinadores de la votación en cada “colegio electoral”. En la inmensa mayoría de esos lugares no hubo problemas para votar, no acudieron ni los Mossos d’Esquadra ni la Policía Nacional o la Guardia Civil. Al cerrarse la jornada electoral, contaron los votos y algunos de los organizadores se quedaron con las urnas.

Ahora, muchos de estos independentistas implicados en la organización y la logística del 1-O presumen de las urnas como auténticos fetiches, símbolos de sus anhelos secesionistas. Y así lo están mostrando en las redes sociales, publicando fotografías de la urna que han podido guardar de recuerdo. Incluso ha aparecido un perfil, “On Son Les Urnes?”, que publica fotos de sus seguidores de dónde tienen ahora esas urnas.


Vender las urnas sería un buen negocio”

La pasión por estas urnas ha llegado al punto de que, según ha comprobado ECD, no son pocos los independentistas que están tratando de conseguir una para tenerla en su casa como objeto de coleccionismo.

De hecho, está circulando la propuesta de que se organice una subasta con estos recipientes de plástico, con tapa negra y con el escudo de las cuatro barras de la Generalitat. “Vender las urnas sería un buen negocio, yo quiero una de recuerdo”, “la gente pagaría mucho dinero”: son algunos de los mensajes que circulan ahora que ha pasado el 1 de octubre y que algunos independentistas lamentan no haberse quedado con algún recuerdo del referéndum.

Y es que incluso los precintos rojos que cerraban las tapas de las urnas durante la jornada de votación se han convertido en objeto de coleccionista para los nacionalistas.


Las publicaciones en redes sociales “presumiendo” de tener parte del material del referéndum de independencia también ha provocado algunos roces. Hay quienes lamentan no haberse podido quedar con una urna tras haber pasado el 1 de octubre custodiándola: “Yo perdí la mía :(”.

Pero también han provocado el enfado de algunos independentistas catalanes que se implicaron personalmente en la trama “clandestina” que permitió introducir y distribuir por Cataluña las urnas antes del 1-O mientras los servicios de información del Estado las buscaban para abortar el referéndum.

“Enhorabuena a todos aquellos que fardan de tener una urna en casa sin haber tenido que padecer los nervios de custodiarla. Muy valientes, sí señor”, criticaba recientemente una activista que participó en la preparación del referéndum y que sin embargo se quedó sin ese recuerdo.

Frente a quienes proponen subastar las urnas y el resto del material del referéndum, hay quien se resiste a ello. Es el caso de una mujer que se quedó con uno de esos precintos rojos -que incluye la fecha grabada del “1-10-2017” y también con una tableta electrónico con la que se registraron los datos del escrutinio. Ante las propuestas de que los venda, responde tajante: “No está a la venta... ¡será para mis nietos!”.

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