Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:01h

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Religión

La presidenta de Ayuda a la Iglesia Necesitada cuenta su viaje a China y la persecución que existe: “Los católicos son considerados perturbadores del orden”

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La primera campaña de recaudación de fondos para China desarrollada por Ayuda a la Iglesia Necesitada en España, con el apoyo de la cadena COPE, ha recogido ya 600.000 euros. La presidenta de AIN España, Pilar Gutiérrez Corada cuenta su reciente viaje de 18 días para conocer en directo a los católicos clandestinos de China a los que se destinará el dinero.

“Tras los grandes aeropuertos, y las autopistas más modernas nos adentramos en la China rural, donde de repente retrocedes dos siglos”, relata a El Confidencial Digital. Gutiérrez Corada no da nombres de personas ni de lugares concretos, a pesar de que le consta que el Gobierno chino ha seguido todos sus movimientos por el país.

El equipo de AIN visitó, en una localidad del norte, a un obispo clandestino. “Este obispo tiene 51 años y celebra Misa en las casas de sus feligreses. No tiene ni iglesia ni va vestido de sacerdote. Aquel día celebraba en casa de una señora de 80 años, cuyo marido había muerto torturado por llevar a la comunión a presos en la cárcel. El prelado nos enseñó dónde vivía. En su habitación había un catre y pocas cosas más. Junto a la cama, una puerta abatible que utiliza como confesionario. En otra habitación había pequeñas camas para alojar a los feligreses o sacerdotes que le visitan”.

De los 1.300 millones de habitantes, en China hay 40 millones de cristianos, 12 de ellos católicos. “Hay tres iglesias dentro de los católicos: la clandestina, la tolerada y la oficial. La clandestina, fiel a Roma, es muy pobre, no tiene nada. El Gobierno niega su existencia, pero detiene a sus miembros frecuentemente. Hay 60 obispos encarcelados y unos 600 sacerdotes bajo arresto domiciliario. Los acusan de perturbar el orden".  

La tolerada, también en comunión con el Papa, sí tiene iglesias, pero apenas cuenta con recursos. La oficial actúa de espaldas al Papa, y recibe fondos del Gobierno: es la conocida como Iglesia Patriótica. Ésta es la de las catedrales e iglesias de las grandes ciudades, las que ven los turistas”.

AIN trabaja en 130 países del mundo, ayudando a sacerdotes y religiosos, construyendo iglesias y colaborando en la formación de seminaristas y novicios, aunque también sostienen proyectos educativos y sanitarios.

Uno de los proyectos a los que AIN destinará lo recaudado en España es una residencia de religiosos mayores en China. Pilar visitó una comunidad de monjas de la Sagrada Familia que cuidan a un número de sacerdotes mayores que habían pasado media vida en prisión. “Les pregunté a las hermanas dónde dormían, y me señalaron una estancia donde sólo veía una tarima con un espacio hueco debajo, donde se apilaban esterillas. Ahí dormimos las ocho, me dijeron”.

“Estas monjas cuidan también de los ancianos de la zona, y recogen a los niños abandonados. Es frecuente que abandonen a niños cerca de casas de católicos. Saben con seguridad que los cuidarán, y evitan así los orfanatos del Gobierno. Por eso, cuando pedimos para sacerdotes y religiosos, es importante que se sepa que ellos hacen una gran labor social”.

Miles de kilómetros al sur, visitaron a un obispo cerca de la ciudad de Xian, famosa por ser el lugar donde se encontraron los guerreros de terracota. “Es un obispo de la iglesia tolerada por la Asociación patriótica. Él sí tiene permiso para sus celebraciones y una iglesia, aunque no tiene pasaporte, y es vigilado todo el tiempo. El obispo me dijo que muchos días no dormía, preocupado por cómo alimentar a sus sacerdotes. Él personalmente se ocupa de cuidar a dos sacerdotes mayores, de 85 y 92 años, y de uno joven que ha sufrido un ictus. Nos pedía ayuda para pagar un seguro médico para ellos. Lo estamos estudiando”.

A Pilar se le quedó grabada la cara de una monjita anciana del norte. “Ella se alegró especialmente al vernos. He rezado mucho para que volvieran los misioneros desde que fueron expulsados, nos dijo. Ahora que habéis llegado ya me puedo morir. Yo le insistí en que no éramos misioneros, pero el obispo nos dijo que para ella se había cumplido una esperanza de más de 40 años”.

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